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Cultura visual

La historia de la ilustración botánica en Europa

Lámina científica de estilo antiguo con una concha inventada, enmarcada junto a una lámina contemporánea

Durante siglos, saber qué planta se tenía delante podía ser una cuestión de vida o muerte. Una hoja muy parecida a otra podía curar o envenenar, alimentar o enfermar. Por eso, mucho antes de que existiera la fotografía, se hizo imprescindible una manera fiable de mostrar cómo era cada planta: dibujarla. Así nació la ilustración botánica, un oficio que durante más de dos mil años ha unido la observación científica y la sensibilidad artística, y que en Europa ha dejado algunas de las imágenes más bellas y precisas que se han hecho nunca. Recorrer su historia es también recorrer la historia de cómo aprendimos a mirar la naturaleza.

Los herbarios antiguos y medievales

Las primeras grandes obras sobre plantas medicinales en el mundo mediterráneo se remontan a la Antigüedad. El médico griego Dioscórides escribió en el siglo I un tratado sobre las sustancias medicinales, De materia medica, que se copió durante siglos y se convirtió en una referencia fundamental. Algunas de sus copias manuscritas incluían ilustraciones de plantas de gran belleza.

Lámina botánica de estilo científico con una planta inventada, dibujo detallado sobre fondo claro
Lámina botánica contemporánea y simplificada de hierbas marinas, con formas limpias en un marco

En la Edad Media, los herbarios, libros con descripciones e imágenes de plantas útiles, se copiaban a mano en monasterios y centros de saber. Pero cada copia se alejaba un poco más del original: los dibujos se copiaban de otros dibujos, no de la planta real, y con el tiempo muchas imágenes se volvieron esquemáticas o fantasiosas, difíciles de reconocer en la naturaleza.

El Renacimiento: dibujar del natural

El gran cambio llegó con el Renacimiento y la imprenta. Por un lado, los artistas y científicos volvieron a dibujar a partir de plantas reales, observadas directamente. Por otro, la imprenta y el grabado en madera permitieron reproducir una misma imagen fiel muchas veces, sin las deformaciones de la copia manual.

Uno de los libros emblemáticos de este momento es De historia stirpium, del médico alemán Leonhart Fuchs, publicado en Basilea en 1542. Contenía cientos de grabados de plantas a página completa, muchos de ellos coloreados a mano, y algo muy poco habitual en la época: los nombres y los retratos de los artistas que lo habían hecho posible, el dibujante Albrecht Meyer, el que pasó los dibujos a la madera, Heinrich Füllmaurer, y el grabador, Veit Rudolf Speckle. Es uno de los primeros libros en reconocer de esa forma el trabajo de sus ilustradores.

El siglo XVIII: clasificar el mundo

En el siglo XVIII, la botánica se convirtió en una ciencia de la clasificación. El naturalista sueco Carl Linneo propuso un sistema para nombrar y ordenar las especies que se extendió por toda Europa, y con él creció la necesidad de imágenes precisas, que mostraran no solo el aspecto general de la planta, sino también sus flores, sus frutos y sus órganos reproductores, en los que se basaba la clasificación.

Ilustración botánica de una planta inventada que muestra flor, fruto y semilla sobre fondo claro
Fotografía de una planta real parecida, con sus flores y hojas en primer plano

Fue también la época de las grandes expediciones científicas. A principios de ese siglo, la naturalista y artista Maria Sibylla Merian había publicado en Ámsterdam, en 1705, sus extraordinarias láminas de plantas e insectos de Surinam. A finales de siglo, la Corona española impulsó la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, dirigida por José Celestino Mutis, en la que decenas de pintores documentaron la flora de la actual Colombia. Miles de esas láminas se conservan hoy en el Real Jardín Botánico de Madrid.

La edad de oro

El final del siglo XVIII y el comienzo del XIX se consideran a menudo la edad de oro de la ilustración botánica. En Inglaterra, en 1787, William Curtis fundó una revista ilustrada dedicada a las plantas de jardín, que con el tiempo pasaría a llamarse Curtis’s Botanical Magazine y a editarse desde los Reales Jardines Botánicos de Kew. Sigue publicándose hoy y se considera la revista botánica de mayor recorrido del mundo.

En Francia, el pintor Pierre-Joseph Redouté alcanzó una fama enorme con sus láminas de lirios y rosas, de una delicadeza y un realismo que siguen asombrando. Sus obras se reproducen todavía hoy en todo el mundo.

Del grabado a la fotografía, y después

Con la llegada de la fotografía en el siglo XIX, podría parecer que la ilustración botánica perdería su razón de ser. No fue así. Una ilustración puede hacer cosas que una fotografía no puede: mostrar en una sola imagen la flor, el fruto y la semilla; eliminar lo accidental, como una hoja rota o una sombra, para mostrar lo típico de la especie; o resaltar los detalles que importan para identificarla. Por eso, la ilustración botánica científica sigue practicándose hoy, junto a una ilustración botánica artística que ha encontrado su lugar en galerías y casas.

Detalle de una hoja dibujada con nervaduras finas sobre un fondo liso y claro

Un legado en nuestras paredes

Muchas de aquellas láminas históricas están hoy en dominio público, y museos, bibliotecas y jardines botánicos han digitalizado buena parte de sus colecciones. Gracias a ello, imágenes que durante siglos estuvieron en libros al alcance de pocos pueden admirarse hoy en cualquier pantalla y, en forma de reproducciones, colgarse en cualquier pared. Hablamos de su paso a la decoración en el arte botánico: de la ilustración científica a la decoración.

Para seguir leyendo: Arte y naturaleza: cómo aparecen las formas naturales, Mapas antiguos como imágenes: historia y estética y La estética del archivo: imágenes antiguas en espacios nuevos.

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