Una ola gigantesca se curva como una garra sobre tres barcas frágiles, y al fondo, diminuto, el monte Fuji parece una ola más. Es probablemente la imagen japonesa más reproducida del mundo, y está en tazas, camisetas, fundas de móvil y paredes de todas partes. Pero la Gran ola de Kanagawa de Hokusai no es un cuadro: es un grabado en madera, hecho para venderse a precio asequible en el Japón de principios del siglo XIX. Pertenece a una tradición, el ukiyo-e, que durante más de dos siglos convirtió la vida cotidiana, el teatro, los paisajes y la moda en imágenes impresas. Y que, al llegar a Europa, cambió la manera en que pintaban los artistas occidentales.
Imágenes del mundo flotante
Ukiyo-e significa algo así como «imágenes del mundo flotante». El término alude a la cultura urbana del período Edo, entre los siglos XVII y XIX, en ciudades como Edo, la actual Tokio: los barrios de placer, los teatros kabuki, las cortesanas, los luchadores de sumo, los viajes, las estaciones. Un mundo efímero, dedicado al disfrute del momento, que encontró en el grabado su forma de expresión.
Al principio, las estampas eran sobre todo retratos de actores y de bellezas de moda. Con el tiempo, y especialmente en el siglo XIX, el paisaje cobró protagonismo, con series como las Treinta y seis vistas del monte Fuji de Katsushika Hokusai, a la que pertenece la Gran ola, o las vistas de las estaciones del camino de Tōkaidō de Utagawa Hiroshige.
Un trabajo de cuatro manos
Una de las cosas más sorprendentes del ukiyo-e es que no era obra de un solo artista. Era un proceso colaborativo con cuatro protagonistas. El editor concebía el proyecto, lo financiaba y lo vendía. El dibujante, el artista cuyo nombre conocemos, como Hokusai o Hiroshige, creaba el diseño en tinta sobre papel fino. El tallador pegaba ese dibujo sobre un bloque de madera de cerezo y lo tallaba, destruyendo el original en el proceso, para crear la plancha de contorno; luego tallaba una plancha distinta para cada color. Y el impresor entintaba las planchas una a una y frotaba el papel con un disco, el baren, para transferir cada color en su lugar exacto.
En la Gran ola, por ejemplo, se usaron varias planchas de color además de la de contorno. Las primeras tiradas eran de unos centenares de ejemplares, y las planchas se reutilizaban hasta desgastarse, por lo que las impresiones tempranas y tardías pueden diferir notablemente.
Claves de composición
Lo que fascinó a los artistas europeos no fue solo la técnica, sino una manera de componer muy distinta de la tradición occidental. La perspectiva, menos sujeta al punto de fuga único del Renacimiento, con planos superpuestos y vistas desde arriba. Los encuadres atrevidos: un primer plano cortado por el borde, un elemento enorme delante y el tema principal pequeño al fondo, como el Fuji tras la ola. Los colores planos, sin modelado de luces y sombras. La línea de contorno clara y expresiva. Y la asimetría: el vacío como parte activa de la composición.

El japonismo
Tras la apertura de Japón al comercio occidental a mediados del siglo XIX, las estampas empezaron a llegar a Europa en grandes cantidades. Pintores como Monet, Degas, Manet, Mary Cassatt, Toulouse-Lautrec o Van Gogh las coleccionaron y estudiaron, y su influencia se nota en sus encuadres, sus colores planos y sus perspectivas. El fenómeno recibió un nombre: japonismo. Se puede rastrear también en el cartel moderno, como el de Toulouse-Lautrec, y en el art nouveau. Lo vemos en relación con los inicios del cartel en historia del cartel artístico.
Reproducciones y respeto cultural
Hoy, las grandes obras del ukiyo-e clásico están en dominio público por su antigüedad, y muchos museos, como el Metropolitan de Nueva York a través de su programa de acceso abierto, ofrecen imágenes de alta resolución de libre uso. Eso explica que la Gran ola aparezca en tantos objetos.
Pero conviene tener en cuenta dos matices. El primero, que cada imagen concreta tiene sus condiciones: no todas las fotografías de museo son de acceso abierto, y conviene comprobar la licencia de la imagen que se usa. El segundo, que el ukiyo-e es una tradición cultural viva: en Japón siguen existiendo talleres que tallan e imprimen a mano con las técnicas tradicionales. Una reproducción digital no es lo mismo que una estampa tallada a mano, y es justo diferenciarlas. Hablamos del uso del arte de dominio público en arte de dominio público: qué se puede y qué no.
Una lección de composición
El ukiyo-e sigue siendo una de las mejores escuelas para aprender a mirar una composición: el valor del vacío, la fuerza de un encuadre atrevido, la elegancia de los colores planos. En una pared, una estampa japonesa, original, reproducción de museo o tirada contemporánea de un taller tradicional, aporta una calma y un orden que pocas imágenes igualan.
Para ver estampas de ukiyo-e en alta resolución, las colecciones de acceso abierto del Metropolitan Museum of Art son un buen punto de partida.
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