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Impresión artística

Cristal o acrílico para enmarcar láminas: diferencias

Dos marcos idénticos apoyados lado a lado, uno con cristal y otro con vidrio acrílico

Cuando se encarga un marco o se compra uno de serie, hay una decisión que suele pasar desapercibida y que, sin embargo, influye mucho en cómo se verá y se conservará la obra: el material del frente. Las dos opciones principales son el cristal, el vidrio de toda la vida, y el acrílico, conocido también como metacrilato o, por una de sus marcas más populares, plexiglás. A simple vista se parecen mucho, pero se comportan de forma distinta en peso, resistencia, reflejos, limpieza y protección. Ninguno es mejor en todos los casos. Elegir bien depende del tamaño de la obra, del lugar donde se va a colgar y de lo que quieras priorizar.

El peso

La diferencia más evidente es el peso. El acrílico pesa aproximadamente la mitad que el vidrio del mismo grosor. En una lámina pequeña apenas se nota, pero en formatos grandes la diferencia es considerable: un marco grande con cristal puede ser muy pesado de colgar y exigir fijaciones más robustas.

Dormitorio sereno con ropa de cama de lino arena y lámina apaisada de horizonte brumoso sobre el cabecero; lámpara encendida

Por eso el acrílico es la elección habitual para obras de gran formato, para marcos que se van a enviar por mensajería y para paredes en las que no se pueden poner anclajes muy fuertes.

La seguridad

El cristal, al romperse, se fragmenta en trozos cortantes. El acrílico es mucho más resistente a los golpes y, si llega a romperse, no lo hace en fragmentos peligrosos. Esa diferencia es decisiva en algunos lugares: sobre una cama o un sofá, en habitaciones infantiles, en pasillos estrechos donde se puede golpear el marco, o en casas con mascotas. En todos esos casos, el acrílico ofrece mucha más tranquilidad.

Los arañazos

Aquí la ventaja es del cristal. El vidrio es duro y resiste muy bien los arañazos. El acrílico es más blando y puede rayarse con facilidad si se limpia con paños ásperos o productos inadecuados. Con el uso, un acrílico mal cuidado puede acumular pequeñas marcas que se ven a contraluz.

Detalle de un marco de pinzas: cristal y trasera sujetos por clips metálicos, sin moldura

La limpieza y la electricidad estática

El cristal se limpia sin problemas con un paño y un limpiacristales aplicado sobre el paño, nunca directamente sobre el vidrio, para que el líquido no se cuele hacia la lámina. El acrílico requiere más cuidado: un paño suave de microfibra y productos específicos para acrílico. Los limpiadores con amoniaco o alcohol pueden dañarlo o enturbiarlo.

El acrílico tiene además una particularidad: tiende a acumular electricidad estática, lo que atrae el polvo. En la mayoría de las láminas impresas eso no es un problema, pero en obras con superficies sueltas, como dibujos al pastel o al carboncillo, la estática podría atraer partículas del pigmento hacia el frente. Para ese tipo de obras, los enmarcadores suelen preferir el cristal.

Los reflejos

Tanto el cristal como el acrílico estándar reflejan la luz, en mayor o menor medida. Una lámina frente a una ventana puede convertirse en un espejo durante parte del día con cualquiera de los dos.

Manos limpiando un marco con un paño de microfibra, con el producto aplicado al paño y no al cristal

Para reducirlo, existen versiones antirreflejo de ambos materiales, con tratamientos que disminuyen mucho los reflejos y dejan ver la obra con gran claridad, como si no hubiera nada delante. Son más caras, pero en lugares con mucha luz o frente a ventanas pueden marcar una gran diferencia. También existen acabados mate o «antirreflejo» más sencillos, que difuminan los reflejos a costa de restar algo de nitidez a la imagen. Hablamos de cómo evitar reflejos en cómo evitar reflejos al colocar cuadros en casa.

La protección frente a la luz

Ambos materiales pueden fabricarse con filtros que bloquean buena parte de la radiación ultravioleta, una de las principales causas de que los colores pierdan intensidad con el tiempo. El cristal y el acrílico estándar ya filtran algo de esa radiación, pero las versiones específicas de conservación lo hacen en mucha mayor medida.

Conviene recordar, eso sí, que ningún cristal ni acrílico protege por completo: la luz visible también afecta a las obras, y la mejor protección sigue siendo no colgarlas a pleno sol. Lo explicamos en cómo proteger el arte impreso de la luz y la humedad.

Cómo elegir

Como resumen práctico: el cristal es una buena opción para formatos pequeños y medianos, en lugares seguros, cuando se valora la resistencia a los arañazos y la facilidad de limpieza, y para obras con pigmentos sueltos. El acrílico es preferible para formatos grandes, para marcos que se envían, sobre la cama o el sofá, en habitaciones infantiles y en zonas de paso.

Salón con una lámina enmarcada sobre el sofá, composición equilibrada y paredes claras

En ambos casos, si la obra va a estar en un lugar muy luminoso o te importa especialmente su conservación, merece la pena valorar las versiones antirreflejo y con filtro ultravioleta.

Un frente invisible

El mejor frente es el que no se ve: el que protege la obra sin interponerse entre ella y quien la mira. Cristal o acrílico, estándar o antirreflejo, la elección depende del tamaño, del lugar y de lo que quieras cuidar más.

Las láminas de Bendíra se entregan sin marco, así que puedes elegir el frente que mejor encaje con el lugar donde vas a colgarlas.

Para seguir leyendo: Cómo elegir un marco para una lámina artística, Cómo conservar tus láminas artísticas durante años y Cómo evitar reflejos al colocar cuadros en casa.

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