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Impresión artística

Cómo evitar reflejos al colocar cuadros en casa

Final de un pasillo con una lámina vertical con paspartú en la pared del fondo, iluminada desde arriba por un foco de cuadro

Es una escena muy común: cuelgas una lámina preciosa en el salón, te sientas en el sofá a contemplarla y lo que ves es la ventana de enfrente, el cielo, la lámpara o tu propia silueta reflejados en el cristal. La obra está ahí, pero apenas se distingue. Los reflejos son uno de los problemas más frecuentes al colgar cuadros enmarcados, y también uno de los que más se pueden evitar con un poco de atención. La clave está en entender de dónde viene la luz y cómo rebota, y en combinar tres herramientas: la posición del cuadro, la iluminación de la habitación y el tipo de cristal o de acabado.

Por qué aparecen los reflejos

Un cristal, o un acrílico, se comporta en parte como un espejo. Cuando la luz llega a su superficie, una parte rebota en un ángulo igual al de llegada, pero en sentido contrario. Si en la dirección de ese rebote está tu mirada, ves el reflejo de la fuente de luz, sea una ventana, una lámpara o una pared iluminada, en lugar de la obra.

De ahí se deduce algo muy práctico: los reflejos dependen de tres posiciones, la de la fuente de luz, la del cuadro y la de quien mira. Cambiar cualquiera de ellas puede hacer que desaparezcan.

La posición: elegir bien la pared

La regla más sencilla es evitar colgar un cuadro con cristal justo enfrente de una ventana o de una fuente de luz intensa. La pared opuesta a la ventana es, casi siempre, la más problemática, porque refleja directamente el exterior.

Salón con una lámina enmarcada sobre el sofá, composición equilibrada y paredes claras

Las paredes perpendiculares a la ventana suelen ser mucho mejores: la luz llega a la obra de lado, la ilumina sin rebotar hacia quien mira desde el centro de la habitación. Antes de taladrar, sostén el cuadro, o un cristal del mismo tamaño, en la posición prevista y obsérvalo desde los lugares donde vas a mirarlo más a menudo, como el sofá, la mesa o la puerta, a distintas horas del día.

El ángulo: una ligera inclinación

Un pequeño truco que usan muchos enmarcadores es inclinar ligeramente el cuadro hacia delante, separando un poco su parte superior de la pared. Con esa leve inclinación, la luz del techo o de las lámparas altas se refleja hacia el suelo en lugar de hacia los ojos. Se consigue colgando el cuadro de un cordel o alambre algo más largo, o colocando pequeños topes en la parte inferior trasera del marco.

No hace falta exagerar: unos pocos grados suelen bastar. Y conviene comprobar que el cuadro queda estable y seguro.

La iluminación: luz que no rebota hacia ti

La luz artificial también produce reflejos. Una lámpara de pie situada frente al cuadro, o un foco que lo ilumina desde el mismo lado desde el que miras, pueden crear un destello justo en el centro de la obra.

Si quieres iluminar una obra, lo más habitual es hacerlo desde arriba y con cierto ángulo, de modo que la luz caiga sobre ella y el reflejo se dirija hacia el suelo, fuera de la línea de mirada. Los apliques de cuadro, colocados sobre el marco, y los focos dirigidos desde el techo, a cierta distancia de la pared, funcionan bien si están bien orientados. Conviene evitar las luces situadas a la altura de los ojos y enfrente del cuadro.

Por la noche, una habitación oscura con una pared muy iluminada puede reflejarse en el cristal como un espejo. Una iluminación más repartida por la estancia ayuda a reducir ese efecto.

El cristal: estándar, mate o antirreflejo

Cuando no se puede cambiar la posición, el tipo de frente marca la diferencia. El cristal o acrílico estándar refleja bastante. El cristal mate o «antirreflejo» sencillo tiene una superficie ligeramente rugosa que difumina los reflejos, aunque resta algo de nitidez a la imagen, sobre todo si hay paspartú y la obra queda separada del cristal. El cristal antirreflejo de alta calidad, a veces llamado de museo, lleva un tratamiento que reduce muchísimo los reflejos sin perder claridad, hasta el punto de que a veces parece que no hay cristal. Es más caro, pero en lugares muy luminosos puede ser la mejor inversión. Comparamos materiales en cristal o acrílico para enmarcar láminas.

Sin cristal

Otra opción es prescindir del cristal. Una lámina de papel mate, colgada con colgadores de listón, apoyada en una repisa o en un marco sin frente, no produce reflejos especulares. A cambio, queda más expuesta al polvo, a la luz y a los roces, así que conviene reservarla para lugares tranquilos. Lo explicamos en cuadros con marco o sin marco: cómo elegir.

Mismo cuadro visto de frente con reflejo de ventana y de lado, algo inclinado, sin reflejos

Los reflejos que no se ven de día

Algunos reflejos solo aparecen en ciertos momentos: con la luz del atardecer que entra baja por la ventana, o por la noche, con las lámparas encendidas. Por eso, antes de dar por buena una ubicación, conviene mirarla en distintos momentos del día. Lo que funciona a mediodía puede no funcionar a las siete de la tarde.

Ver la obra, no el reflejo

Evitar los reflejos es, en el fondo, una cuestión de geometría y de atención: saber de dónde viene la luz, elegir la pared y el ángulo adecuados, iluminar bien y, si hace falta, invertir en un buen cristal. Con eso, la obra vuelve a ser la protagonista.

Las láminas de Bendíra se imprimen sobre papel mate, que no produce brillos propios, lo que facilita disfrutarlas sin reflejos cuando se enmarcan con un cristal adecuado o se exponen sin él.

Para seguir leyendo: Papel mate o satinado para láminas: diferencias, Cómo proteger el arte impreso de la luz y la humedad y Cómo almacenar láminas sin enmarcar correctamente.

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