Comprar un sofá de color es una pequeña declaración de intenciones. Frente a la seguridad del gris y el beige, un sofá verde botella, azul petróleo, mostaza, terracota o rosa empolvado dice que en esa casa se ha decidido algo. Y como el sofá es casi siempre el mueble más grande del salón, su color marca el tono de toda la habitación. Lo que cuelgues encima ya no puede elegirse en el vacío: tendrá que conversar con él, a pocos centímetros de distancia, todos los días.
Tres conversaciones posibles
Hay básicamente tres maneras de relacionar la obra con el sofá, y las tres pueden funcionar.

El eco. La obra incluye el color del sofá, o uno muy cercano, aunque sea en una proporción pequeña. Un sofá verde y una lámina con detalles verde oliva; un sofá azul y una obra con azules en el horizonte. Es la opción más armoniosa: obra y sofá se reconocen y el conjunto parece pensado desde el principio.
El complementario. La obra se apoya en el color opuesto del círculo cromático, o en uno que contraste con calidez distinta. Un sofá verde con una obra de terracotas y rosas; un sofá azul con una lámina en ocres y naranjas tostados. Es una opción más vibrante y con más energía. Para que no resulte estridente, ayuda que los colores sean apagados, terrosos, más que puros.
La pausa. La obra se mantiene en una paleta neutra, blanco roto, arena, gris piedra, con formas o líneas que aporten interés. El sofá es el protagonista indiscutible y la obra lo acompaña, como un marco. Es la opción más serena, especialmente útil cuando el sofá es muy intenso.
Según el color del sofá
Algunas combinaciones que suelen funcionar bien, como punto de partida.

Con un sofá verde, sea botella, oliva o salvia, los tonos de tierra y terracota son casi infalibles, por contraste cálido. También funcionan los paisajes con verdes y ocres, que hacen eco.
Con un sofá azul, marino o petróleo, los ocres, arenas y naranjas tostados crean un contraste cálido muy agradable; los azules más claros o los grises, un eco sereno. Las paletas costeras encajan con naturalidad.
Con un sofá mostaza u ocre, los azules apagados y los grises crean equilibrio; los tonos tierra, un ambiente muy cálido y envolvente.
Con un sofá terracota o rosa, los verdes salvia y oliva son el complemento más natural; las abstracciones en hueso y carbón, una pausa elegante.
Lo explicamos de forma más general en cómo combinar colores entre el arte y la habitación.
La proporción importa
Cuando el sofá es de color intenso, conviene vigilar la cantidad de color de la obra. Si la lámina tiene tanto color como el sofá, los dos bloques compiten. Funciona mejor que uno de los dos domine: un sofá intenso con una obra donde el color aparece en zonas pequeñas, o con mucho blanco o espacio alrededor. Un paspartú amplio ayuda a dar ese aire.
Los cojines como puente
Los cojines son el aliado secreto de esta combinación. Situados entre el sofá y la obra, pueden recoger un color de cada uno y tender un puente. Un sofá verde, una lámina terracota y unos cojines en los que aparezcan los dos tonos crean un conjunto coherente casi sin esfuerzo. Y como los cojines se cambian con facilidad, permiten ajustar el diálogo con las estaciones.

Tamaño y altura
Las pautas habituales siguen valiendo: la obra o el conjunto ocupando entre la mitad y dos tercios del ancho del sofá, y una separación de 15 a 25 cm entre el respaldo y el marco. Con un sofá de color, una obra demasiado pequeña queda aún más eclipsada, así que conviene no quedarse corto. Lo detallamos en qué cuadro poner encima del sofá.

Un diálogo diario
Un sofá de color y la obra que lo acompaña forman una pareja que verás cada día. Con un poco de atención a la relación entre los dos, eco, contraste o pausa, el salón gana una armonía que se nota aunque nadie sepa explicarla.
Si tu sofá es verde o azul, las terracotas y arenas de Luz del sur crean ese contraste cálido; si es terracota, la salvia de Formas serenas es su pareja natural.
Para seguir leyendo: Cómo combinar cuadros con muebles de madera, Cómo elegir láminas decorativas para el salón y El círculo cromático como herramienta para mirar arte.