Un mapa antiguo es una imagen extraña y fascinante. Muestra un mundo que ya no existe tal como lo dibujaron: costas imprecisas, territorios con nombres olvidados, océanos poblados de barcos y monstruos marinos, cartelas decoradas con figuras alegóricas. Es a la vez un documento científico, una obra de arte y un testimonio de cómo una época imaginaba el mundo. Quizá por eso los mapas antiguos se han convertido en una de las imágenes más queridas en decoración. Pero, como ocurre con otras imágenes históricas, conviene saber algo de su historia y, sobre todo, distinguir entre un mapa original, una reproducción y una imagen inspirada en ellos.
Representar lo que no se puede ver entero
Hacer un mapa es intentar representar algo que nadie puede ver de una sola vez: una ciudad, una costa, un continente, el mundo entero. Durante siglos, los cartógrafos combinaron observaciones, relatos de viajeros, cálculos matemáticos y una buena dosis de imaginación para llenar los huecos.

En la Antigüedad, el geógrafo Claudio Ptolomeo, en Alejandría, recopiló en su Geografía coordenadas de miles de lugares y métodos para proyectar la esfera terrestre en un plano. Su obra fue redescubierta en Europa en el Renacimiento y tuvo una enorme influencia.
El Renacimiento y los grandes viajes
Con los viajes de exploración de los siglos XV y XVI, el mundo conocido por los europeos cambió radicalmente, y los mapas con él. España y Portugal, protagonistas de muchas de aquellas navegaciones, desarrollaron una cartografía náutica de gran valor estratégico. Uno de los mapas más célebres de esa época es la carta atribuida a Juan de la Cosa, de hacia 1500, una de las primeras representaciones conocidas del continente americano, que se conserva en el Museo Naval de Madrid.

En los Países Bajos, en el siglo XVI, cartógrafos como Abraham Ortelius y Gerardus Mercator dieron un salto decisivo. Ortelius publicó un conjunto de mapas encuadernados con un formato homogéneo que suele considerarse uno de los primeros atlas modernos. Mercator desarrolló una proyección que lleva su nombre, todavía hoy muy utilizada, aunque deforma el tamaño de las regiones cercanas a los polos. Después, talleres como el de la familia Blaeu, en Ámsterdam, produjeron atlas de una belleza extraordinaria.
Por qué son tan bellos
Los mapas antiguos tienen una belleza que va más allá de su función. Estaban grabados a mano, en cobre o en madera, con un trabajo de línea minucioso. Muchos se coloreaban después a mano, con acuarelas suaves que delimitaban territorios y costas. Incluían cartelas decoradas, rosas de los vientos, escalas ornamentadas, figuras alegóricas, barcos y criaturas fantásticas en los mares. Eran, al mismo tiempo, instrumentos de conocimiento y objetos de prestigio.
Hoy, esa combinación de precisión y fantasía, de líneas finas y colores apagados, de tipografías antiguas y ornamentos, es lo que los hace tan atractivos en una pared.
Original, reproducción, inspiración
Aquí conviene distinguir con claridad.

Un mapa original antiguo es una hoja impresa en su época, a partir de una plancha grabada, a menudo arrancada de un atlas. Puede tener un valor considerable según su autor, su rareza y su estado. Hay que saber, además, que muchos mapas antiguos se colorearon mucho después de su impresión, a veces en el siglo XX, lo que influye en su valor. Comprar originales requiere acudir a especialistas de confianza y conservarlos con cuidado.
Una reproducción es una impresión moderna a partir de un original o de su digitalización. Muchos mapas antiguos están en dominio público, porque sus autores murieron hace siglos, y numerosas bibliotecas y archivos han publicado digitalizaciones de gran calidad, algunas con licencias abiertas. Conviene, eso sí, revisar las condiciones de uso de cada institución, porque algunas permiten el uso libre y otras ponen condiciones a las imágenes que han digitalizado.
Una imagen inspirada en mapas es una obra contemporánea que toma su estética, como las líneas de costa, las retículas y las tipografías, sin reproducir un mapa concreto.
Y hay un caso distinto: los mapas modernos, como los topográficos actuales, que suelen estar protegidos por derechos de autor de sus editores. No conviene reproducirlos sin permiso.
Cómo llevar un mapa a casa
Un mapa antiguo, o su reproducción, aporta a una pared historia, detalle y un punto de nostalgia viajera. Funciona especialmente bien en despachos, bibliotecas, recibidores y pasillos, donde se puede mirar de cerca y descubrir sus detalles.

Lo más bonito suele ser elegir un mapa con significado: la ciudad donde naciste, la costa donde pasabas los veranos, la región de la que viene tu familia. Un paspartú amplio y un marco sencillo de madera o negro le dan presencia y lo protegen. Y si se combina con otras obras, una paleta común, como los ocres y azules apagados de muchos mapas antiguos, ayuda a integrarlo.
Mundos dibujados a mano
Los mapas antiguos nos recuerdan que el mundo no siempre se vio como lo vemos hoy, y que representarlo fue durante siglos una mezcla de ciencia, arte e imaginación. Colgar uno en casa es colgar un pedazo de esa historia.
Las láminas de Bendíra no son mapas, pero algunas, como las de la colección Costa, con sus mareas, puertos y líneas de litoral, recogen ese mismo gusto por el paisaje visto desde arriba y por las costas dibujadas con calma.
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