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Impresión artística

Cómo almacenar láminas sin enmarcar correctamente

Lámina dentro de una funda rígida y transparente de poliéster

No todas las láminas que compramos o recibimos acaban enmarcadas enseguida. A veces esperan el marco adecuado, a veces forman parte de una colección que rotamos con las estaciones y otras simplemente no hay pared libre todavía. Mientras tanto, se quedan en un cajón, en un tubo o en una carpeta, y es ahí donde muchas sufren: se doblan por una esquina, se ondulan con la humedad, se marcan con una goma elástica o amarillean en contacto con un cartón corriente. Guardar bien una lámina sin enmarcar no es complicado, pero requiere algunos cuidados sencillos: almacenarla en plano siempre que sea posible, protegerla con materiales adecuados, elegir un lugar estable y manipularla con atención.

En plano, siempre que se pueda

La mejor manera de guardar una lámina es en plano. Así no se curva, no se tensiona el papel y se evitan las marcas. Para hacerlo bien, conviene usar una carpeta rígida o una caja plana del tamaño adecuado, de modo que la lámina no se deslice dentro ni sobresalga por los bordes.

Manos con guantes blancos de algodón sujetando una lámina sin marco por los bordes

Si guardas varias láminas juntas, sepáralas con hojas de papel de seda neutro o de papel libre de ácido. Así evitas que las tintas de una lámina rocen la superficie de la otra y que se transfieran manchas o marcas. Coloca las más grandes debajo y las más pequeñas encima, y no apiles demasiadas: el peso puede acabar marcando las de abajo.

Los materiales importan

Lo que rodea a una lámina guardada influye en cómo envejece. Los cartones, sobres y carpetas corrientes pueden contener ácidos y lignina que, con los años, amarillean el papel y lo vuelven quebradizo. Las instituciones de conservación, como la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, recomiendan usar carpetas, cajas y separadores libres de ácido y de lignina.

Trasera de un paspartú con la lámina fijada con bisagras de papel japonés y esquineros

Otra opción muy práctica son las fundas de poliéster transparentes y rígidas, que permiten ver la lámina sin sacarla y la protegen del polvo y de las manos. Si la lámina es grande o frágil, la funda debe ser lo bastante rígida para sostener el papel.

Y algunas cosas conviene evitar por completo: la cinta adhesiva corriente, los clips metálicos, las gomas elásticas y las bolsas de plástico cualquiera, que pueden atrapar humedad o desprender sustancias que afecten al papel.

Si hay que enrollarla

A veces no queda más remedio que guardar una lámina enrollada, sobre todo si es grande o si llegó así. En ese caso, conviene usar un tubo de diámetro amplio, porque cuanto más ancho, menos se curva y menos se tensiona el papel. Envuelve la lámina en papel de seda neutro antes de enrollarla, para proteger su superficie, y no la aprietes demasiado.

Guardar una lámina enrollada durante mucho tiempo hace que el papel adquiera memoria de esa curva y luego cueste aplanarla. Por eso, si es posible, lo ideal es que el enrollado sea temporal y que la lámina se guarde en plano en cuanto se pueda.

Cómo aplanar una lámina que llegó enrollada

Muchas láminas llegan enrolladas en tubos. Para aplanarlas sin dañarlas, desenróllala con cuidado sobre una superficie limpia y plana, con la imagen hacia arriba. Si tiende a enrollarse de nuevo, puedes enrollarla suavemente en sentido contrario durante unos minutos, sin forzarla, para contrarrestar la curva. Después, extiéndela y coloca encima, en las esquinas o sobre una hoja de papel de seda limpia, objetos pesados y planos, como libros. Déjala así uno o dos días. El papel se relajará poco a poco.

Caja de archivo plana abierta con láminas separadas por papel de seda

Nunca la planches ni le apliques calor, y evita apoyar objetos directamente sobre la imagen sin una hoja protectora.

El lugar adecuado

Elige un lugar de la casa con temperatura y humedad estables, lejos de la luz directa. Un armario o una cómoda en una habitación interior suele ser una buena opción. Conviene evitar los sótanos, los trasteros húmedos, los áticos poco aislados, las paredes exteriores frías y las zonas cercanas a radiadores o a la cocina, donde la humedad y la temperatura cambian mucho.

Debajo de la cama también puede funcionar, siempre que la lámina esté en una caja rígida y cerrada que la proteja del polvo y de los golpes.

Manipular con cuidado

Cada vez que saques una lámina para mirarla o para cambiarla de sitio, hazlo con las manos limpias y secas o con guantes de algodón, y sujétala siempre por los bordes. Si es grande, sostenla con las dos manos o deslízala sobre una carpeta rígida para trasladarla.

Lámina recién desenrollada aplanándose bajo libros colocados sobre papel de seda

Revisar de vez en cuando

Por último, echa un vistazo a tus láminas guardadas de vez en cuando. Si notas humedad, olor a cerrado, manchas o insectos, conviene actuar pronto: cambiar el lugar, ventilar o sustituir los materiales. Y etiqueta las carpetas o cajas para no tener que abrir y manipular todas las láminas cada vez que busques una.

Iconos de goma elástica, clip y cinta adhesiva, cada uno tachado, como cosas que evitar con láminas

Guardadas, pero bien cuidadas

Una lámina guardada no es una lámina olvidada. Con una carpeta adecuada, unas hojas de papel de seda, un lugar estable y un poco de atención, puede esperar en perfectas condiciones el día en que encuentre su marco y su pared.

Las láminas de Bendíra llegan protegidas para el envío. Si no vas a enmarcarlas enseguida, estas pautas te ayudarán a conservarlas en buen estado hasta que lo hagas.

Para seguir leyendo: Cuadros con marco o sin marco: cómo elegir, Cómo conservar tus láminas artísticas durante años y Cómo proteger el arte impreso de la luz y la humedad.

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