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Arte y movimientos

Qué es el arte abstracto: una guía para principiantes

Persona vista de espaldas mirando de cerca una lámina abstracta en casa

Delante de un cuadro abstracto, mucha gente siente una mezcla de curiosidad e incomodidad, como si hubiera una respuesta correcta que todos los demás conocen. No la hay, o al menos no una sola. El arte abstracto es, en esencia, aquel que no intenta representar con fidelidad la realidad visible, sino que trabaja con los elementos propios de la imagen: formas, colores, líneas, texturas, gestos. A veces parte de algo real, un paisaje o una figura, y lo simplifica hasta casi hacerlo desaparecer. Otras veces no parte de nada externo y construye su propio mundo. Entender esto es el primer paso para disfrutarlo, y lo demás viene con la mirada.

Una definición sencilla

La palabra «abstracto» viene del latín abstrahere, que significa separar o extraer. La Tate, uno de los grandes museos de arte moderno de Europa, lo explica de forma muy clara en su glosario: el arte abstracto es aquel que no pretende representar con exactitud la realidad visual y que, en su lugar, se apoya en formas, colores y marcas gestuales para lograr su efecto.

Salón minimalista cálido con pared encalada y una lámina de formas orgánicas arena y terracota, marco de roble fino

A partir de ahí, conviene distinguir dos grandes caminos, porque en la conversación cotidiana se mezclan a menudo.

El primero es la abstracción a partir de algo real. El artista mira un árbol, una ciudad, un cuerpo o el mar, y va eliminando detalles hasta quedarse con lo esencial: una línea de horizonte, un ritmo de verticales, una masa de color. La obra resultante puede no parecerse a nada reconocible, pero tiene un origen en el mundo.

El segundo es la abstracción pura, que no se basa en nada externo. Son composiciones de formas geométricas, de campos de color o de gestos que existen por sí mismos. Algunos artistas que trabajaron así preferían otros nombres, como arte concreto o arte no objetivo, precisamente para subrayar que no estaban abstrayendo nada: estaban creando.

Un poco de historia

Las raíces de la abstracción son antiguas. Los motivos geométricos de la cerámica, los tejidos o la arquitectura de muchas culturas no representan nada concreto y, sin embargo, nadie diría que carecen de sentido. Pero el arte abstracto como corriente consciente dentro de la pintura occidental se consolida a principios del siglo XX.

Salón contemporáneo con una lámina abstracta geométrica en la pared

En la década de 1910, varios artistas europeos dieron el paso hacia una pintura sin objeto reconocible, por caminos distintos. Vasili Kandinsky, ruso afincado en Alemania, buscaba una pintura que funcionara como la música, capaz de emocionar sin contar nada. Kazimir Malevich llegó en Rusia a formas geométricas radicalmente simples, como su célebre cuadrado negro. Piet Mondrian, en los Países Bajos, fue depurando paisajes y árboles hasta llegar a su lenguaje de líneas negras y colores primarios. La Tate sitúa a Malevich y Mondrian entre los pioneros de la abstracción pura en torno a 1910–1920.

La historia ha incorporado en los últimos años otro nombre importante: la pintora sueca Hilma af Klint, que realizó obras abstractas desde aproximadamente 1906, antes que los nombres más conocidos, aunque las mantuvo fuera del ojo público. Su trabajo no se expuso hasta 1986, y la gran retrospectiva del Guggenheim de Nueva York en 2018–2019 contribuyó a que hoy se la reconozca como una de las pioneras.

A mediados del siglo XX, la abstracción tomó nuevas formas. En Estados Unidos, el expresionismo abstracto, con pintores como Jackson Pollock o Mark Rothko, convirtió el gesto y los grandes campos de color en protagonistas. En España, la abstracción tuvo una generación brillante que, en un contexto difícil, encontró reconocimiento internacional. El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, fundado en 1966 por el pintor Fernando Zóbel y gestionado hoy por la Fundación Juan March, reunió obras de artistas como Antoni Tàpies, Antonio Saura, Gustavo Torner o Eduardo Chillida.

Los grandes tipos de abstracción

Sin pretender una clasificación cerrada, hay algunas familias que ayudan a orientarse.

La abstracción geométrica se construye con formas regulares, como cuadrados, círculos, líneas rectas y retículas. Transmite orden, equilibrio y una cierta serenidad racional. Mondrian, la Bauhaus o el constructivismo pertenecen a esta familia, que desarrollamos en arte geométrico: formas, color y composición.

La abstracción lírica o gestual se apoya en el trazo, la pincelada y la huella del cuerpo del artista. Es más emocional, más espontánea, y deja ver el proceso.

La abstracción de campo de color trabaja con grandes superficies de color que envuelven al espectador. Es contemplativa, casi meditativa.

La abstracción orgánica utiliza formas curvas y blandas que recuerdan a la naturaleza, como semillas, piedras, células u ondas, sin representarlas literalmente. Hablamos de ella en arte de formas orgánicas: raíces y lenguaje visual.

Por qué nos atrae (y por qué a veces desconcierta)

El arte abstracto desconcierta porque nos quita el apoyo que solemos usar para entender una imagen: reconocer qué representa. Sin ese apoyo, la mirada tiene que trabajar de otra manera, fijándose en cómo se relacionan los colores, hacia dónde empujan las formas o qué ritmo marcan las líneas.

Lámina abstracta completa enmarcada, con formas plegadas y colores suaves
Detalle ampliado de la misma lámina abstracta, que muestra la textura y los bordes de las formas

Pero esa misma libertad es lo que lo hace tan atractivo. Una obra abstracta no te dice qué sentir; te deja espacio. Por eso puede convivir con nosotros durante años sin agotarse, revelando algo distinto según la luz, el estado de ánimo o el momento. Y por eso se ha convertido en una de las formas de arte más presentes en las casas contemporáneas.

Cómo empezar a mirarla

No hace falta saber historia del arte para disfrutar de la abstracción. Basta con darse tiempo. Mira la obra de lejos y luego de cerca. Fíjate en el color que domina y en el que contrasta. Sigue con los ojos las líneas o los bordes de las formas. Pregúntate si la composición parece tranquila o inquieta, pesada o ligera. Y, sobre todo, presta atención a lo que te provoca, sin preocuparte de si es lo que el artista «quería decir». En cómo mirar una obra de arte abstracto proponemos un pequeño método para hacerlo.

Secuencia de cuatro paneles: un paisaje de colinas que se simplifica poco a poco hasta quedar en planos abstractos

La abstracción en casa

En un hogar, el arte abstracto tiene una ventaja evidente: se adapta a casi cualquier estilo. Una abstracción geométrica acompaña a un interior de líneas limpias; una orgánica, en tonos tierra, se siente cómoda en una casa de materiales naturales; una gestual puede dar energía a un espacio sereno. Lo importante es elegirla como se elige cualquier obra: por cómo te hace sentir y por cómo dialoga con la habitación.

Si te apetece empezar a convivir con la abstracción, en las colecciones de Bendíra hay láminas de abstracción geométrica y orgánica en paletas tierra, salvia y azul, pensadas para espacios contemporáneos.

Para seguir leyendo: Bauhaus: historia y legado en el diseño contemporáneo y Cómo elegir arte según la paleta de colores de tu casa.

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