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Desde el estudio

La importancia de elegir imágenes con intención

Mano eligiendo una lámina entre varias extendidas sobre una mesa

En los museos existe una figura de la que casi nunca se habla, pero que decide gran parte de lo que vemos: el comisario o la comisaria. Es la persona que elige qué obras se exponen, en qué orden, junto a cuáles, con qué luz y en qué espacio. Su trabajo consiste, sobre todo, en elegir con intención: no colgar todo lo bonito, sino aquello que tiene sentido junto. En casa, cada uno de nosotros es, lo sepa o no, el comisario de sus propias paredes. Y aunque no hace falta tomárselo con la solemnidad de un museo, pensar un poco antes de colgar una imagen cambia mucho el resultado. Elegir con intención no significa elegir con rigidez, sino elegir sabiendo por qué.

La diferencia entre llenar y elegir

Es muy fácil llenar una pared. Basta con colgar lo que se tiene a mano, lo que se compró en un viaje, lo que regalaron, lo que estaba de oferta. El resultado puede ser simpático, pero a menudo se percibe como una acumulación más que como una elección: imágenes que no dialogan entre sí ni con la casa.

Elegir con intención es otra cosa. Es preguntarse, antes de colgar algo, qué aporta a ese lugar y por qué. No se trata de tener pocas obras ni de que todas sean caras o importantes, sino de que cada una esté ahí por un motivo.

Primera pregunta: por qué esta imagen

La más sencilla y la más importante. ¿Qué tiene esta imagen que me hace querer verla cada día? Puede ser un color que me calma, una forma que me atrae, un recuerdo que me devuelve, una idea que me acompaña. Si no encuentras una respuesta, quizá no sea la imagen adecuada, o quizá no sea todavía el momento.

Cuaderno con notas manuscritas ilegibles junto a una postal de arte

Las elecciones por impulso o por tendencia no son malas en sí mismas, pero suelen durar poco. Una imagen que elegimos porque estaba de moda puede cansarnos en unos meses; una que elegimos porque nos dice algo tiende a acompañarnos mucho más tiempo.

Segunda pregunta: para dónde

Una misma imagen no funciona igual en cualquier lugar. Una obra intensa y vibrante puede ser perfecta para un recibidor, donde se ve un momento al llegar, y resultar excesiva en un dormitorio. Una muy serena puede brillar en un rincón de lectura y perderse en una pared grande de un salón concurrido.

Pensar para dónde es la imagen, a qué distancia se mirará, con qué luz y en qué momentos del día, ayuda a que la elección no sea solo estética, sino también vital. Lo desarrollamos en cómo elegir láminas decorativas para el salón y en otros artículos de este Journal.

Tercera pregunta: con qué convive

Ninguna imagen está sola. Convive con los muebles, con los colores de la habitación, con las otras obras de la casa. Elegir con intención implica mirar ese conjunto. ¿Esta imagen dialoga con lo que ya hay? ¿Lo complementa, lo contrasta, lo equilibra? ¿O compite con ello?

No hace falta que todo combine. A veces el contraste es justo lo que una habitación necesita. Pero conviene que sea un contraste buscado, no un accidente.

Cuarta pregunta: seguirá hablándome

Esta es quizá la pregunta más difícil, porque nadie puede prever cómo cambiará su gusto. Pero vale la pena imaginarlo: ¿esta imagen me seguirá diciendo algo dentro de unos años? Las obras que tienen capas, que revelan algo distinto según la luz o el momento, que no se agotan en un primer vistazo, suelen envejecer mejor en nuestra vida que las que lo dicen todo de golpe.

Pared con piezas sin relación entre sí, de estilos y colores dispares
Misma pared con una pareja de láminas bien elegida que combina en color y estilo

Elegir menos para mirar mejor

Una consecuencia natural de elegir con intención es que suelen elegirse menos imágenes. No por austeridad, sino porque cada una ocupa más espacio en nuestra atención. Una pared con una sola obra bien elegida a menudo dice más que una cubierta de piezas sin relación. Lo exploramos en por qué preferimos elegir menos imágenes y mirarlas mejor.

Y elegir con intención tampoco significa no cambiar nunca. Al contrario: quien elige con criterio también sabe cuándo una imagen ha cumplido su ciclo y conviene darle descanso, cambiarla de lugar o sustituirla.

Nuestro propio ejercicio

En Bendíra intentamos aplicar estas mismas preguntas a lo que hacemos. Cada lámina nace pensando en una casa concreta, en una luz, en una manera de habitar. Preferimos menos obras que dialoguen bien entre sí antes que muchas sin relación, y por eso las agrupamos en colecciones que comparten atmósfera.

Si quieres poner en práctica tu propia mirada de comisario, te invitamos a recorrer nuestras colecciones con estas cuatro preguntas en mente.

Para seguir leyendo: Cómo empezar a descubrir tu propio gusto artístico, Cómo combinar cuadros de diferentes tamaños y estilos y Vivir con arte: pequeños detalles que importan.

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