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Estilos e interiores

La decoración wabi-sabi y el arte impreso

Cuenco de cerámica con una reparación visible en la pieza

En los últimos años, la expresión wabi-sabi se ha hecho habitual en revistas de decoración y en catálogos de muebles. Suele acompañar imágenes de cerámicas de bordes irregulares, maderas sin barnizar, linos arrugados y paredes de textura rugosa. Todo eso tiene algo que ver con el wabi-sabi, pero no lo es todo. Wabi-sabi es, en origen, una sensibilidad estética japonesa, profundamente ligada a una manera de entender el mundo: la belleza de lo imperfecto, de lo incompleto y de lo que cambia con el tiempo. Antes de hablar de cómo llevarla a casa o de qué arte la acompaña, merece la pena acercarse a ella con algo de calma y de respeto, porque es mucho más rica que la versión simplificada que circula como tendencia.

Dos palabras, una sensibilidad

Wabi-sabi une dos términos japoneses con historias distintas que, con el tiempo, se han ido entrelazando. De forma muy simplificada, wabi se asocia a la sencillez austera, a una cierta belleza rústica y humilde que nace de vivir con poco. Sabi se relaciona con el paso del tiempo y con la pátina que deja sobre las cosas: el desgaste, el envejecimiento, la huella de los años.

Salón japandi con sofá bajo gris piedra y aparador de nogal; apoyada a la derecha, lámina vertical con forma carbón

Juntos, describen una sensibilidad que encuentra belleza en lo imperfecto, lo transitorio y lo incompleto. Es una idea con raíces en el pensamiento budista sobre la impermanencia y que se desarrolló especialmente en torno a la ceremonia japonesa del té, donde se valoraban los utensilios sencillos, a menudo irregulares, frente a los objetos lujosos y perfectos.

Conviene reconocer que cualquier explicación breve, como esta, simplifica una tradición compleja que los propios especialistas describen con matices. Lo que sigue es una aproximación, no una definición cerrada.

Lo que el wabi-sabi no es

En su paso a la decoración occidental, el wabi-sabi a veces se ha reducido a una lista de objetos, como si bastara con comprar una cerámica irregular y una manta de lino para «tener» una casa wabi-sabi. También se ha confundido con el minimalismo o con el japandi, con los que comparte rasgos, pero no es lo mismo.

Primer plano de la superficie de una mesa de madera marcada por años de uso

El minimalismo busca la reducción y, a menudo, la perfección de las superficies. El wabi-sabi, en cambio, acepta e incluso celebra la imperfección, el desgaste y la irregularidad. Una casa wabi-sabi no tiene por qué ser vacía ni impecable; puede estar llena de objetos usados, reparados, con historia. Hablamos del japandi en estilo japandi: qué arte elegir para tus paredes.

Lo que podemos aprender de él

Más que copiar una estética, el wabi-sabi invita a cambiar la mirada sobre lo que nos rodea. Aceptar que las cosas envejecen y que eso no las hace menos bellas. Valorar los materiales que muestran el paso del tiempo: la madera que se oscurece, el metal que se pátina, la cerámica que se desconcha. Preferir lo sencillo y lo honesto a lo ostentoso. Y encontrar belleza en lo que no es perfecto ni está terminado.

Esa manera de mirar puede cambiar muchas decisiones domésticas: conservar un mueble con marcas en lugar de sustituirlo, reparar un cuenco roto, dejar que una lámina cambie de sitio con los años.

Arte impreso y wabi-sabi: una tensión honesta

Aquí surge una pregunta interesante. Una lámina impresa es, por definición, una reproducción: no es un objeto único hecho a mano ni tiene la irregularidad de una pieza artesanal. ¿Puede encajar en una sensibilidad wabi-sabi?

Rincón con cerámica irregular hecha a mano, madera desgastada y una lámina de trazos de tinta con mucho vacío

Creemos que sí, siempre que no se pretenda que sea lo que no es. Una lámina no puede ser wabi-sabi en el sentido en que lo es un cuenco de té hecho a mano. Pero puede acompañar esa sensibilidad de varias maneras.

Por la imagen: obras de trazos sueltos, de formas irregulares, de manchas que se expanden, de composiciones asimétricas e incompletas. Imágenes que sugieren más que muestran.

Por la paleta: tonos apagados, tierras, grises cálidos, colores que parecen desgastados por el tiempo más que recién estrenados.

Por el soporte: un papel mate con textura, en el que la materia se percibe, se acerca más a esa sensibilidad que una superficie brillante y perfecta.

Y por la relación que establecemos con ella: aceptar que la lámina cambiará con los años, que su marco se marcará, que quizá un día la descolguemos y la volvamos a colgar en otro lugar. Esa aceptación de lo transitorio es, quizá, lo más wabi-sabi de todo.

Cómo elegir arte con esta sensibilidad

Si te atrae esta manera de mirar, busca obras que transmitan calma y modestia, no espectáculo. Composiciones con espacio vacío, donde lo que falta importa tanto como lo que está. Trazos que muestran la mano y aceptan la imperfección. Colores que parecen salir de la tierra, de la piedra, de la madera vieja. Y marcos sencillos, de madera natural, que puedan envejecer con dignidad.

Macro de tinta extendiéndose sobre papel, con bordes difusos y gradación de tono

Y si te interesa el arte japonés en sí mismo, como la pintura a tinta o la cerámica, la mejor manera de acercarse a él es conocer obras y artistas concretos y su contexto, más que buscar objetos «de estilo japonés».

Una manera de mirar

El wabi-sabi no se compra; se aprende a mirar. Es una invitación a encontrar belleza en lo sencillo, lo imperfecto y lo que cambia, y a convivir con las cosas sin exigirles que sean eternas ni perfectas.

En la colección Formas serenas de Bendíra hay láminas de trazos sencillos, formas irregulares y mucho espacio vacío que, sin pretender ser wabi-sabi, comparten parte de esa calma y esa modestia.

Para seguir leyendo: Minimalismo cálido: cómo decorar con arte, El papel del espacio negativo en el arte y El valor de los objetos que permanecen.

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