Hay algo especial en dos imágenes colocadas una junto a otra. Se miran, se responden, se completan. Lo que una muestra, la otra lo matiza; lo que una pregunta, la otra lo contesta. A veces son la misma escena partida en dos; a veces, dos escenas distintas que solo cobran sentido juntas. Ese formato, la obra en dos partes, tiene un nombre que viene del griego, díptico, y una historia que se remonta a la Antigüedad. Y hoy sigue muy vivo, tanto en los museos como en las paredes de muchas casas, donde dos láminas colgadas juntas pueden funcionar como una sola obra.
Dos pliegues
La palabra díptico procede del griego, de di, dos, y ptychē, pliegue. Originalmente designaba un objeto físico: dos tablillas unidas por una bisagra que podían abrirse y cerrarse como un libro. Según la National Gallery de Londres, los dípticos pintados se articulaban precisamente para poder cerrarse y proteger las pinturas del interior.
Esa doble naturaleza, objeto que se abre y se cierra e imagen en dos partes, está en el origen de todo lo que vino después.
Marfil y cera en Roma
Los primeros dípticos eran objetos de escritura. En la Antigüedad, dos tablillas cubiertas de cera, unidas por una bisagra, servían como cuaderno: se escribía sobre la cera con un punzón y se podía borrar y reutilizar.
En la Antigüedad tardía surgió una versión de lujo: el díptico consular, de marfil tallado, que se encargaba para celebrar el nombramiento de un cónsul romano y se regalaba a amigos y aliados. Se conservan algunas decenas, en algunos casos porque se reaprovecharon como cubiertas de libros. Con el tiempo, la parte de escritura desapareció y el díptico se convirtió en un objeto puramente representativo y artístico.
El díptico devocional
En la Edad Media y el Renacimiento, el díptico pintado se convirtió en un objeto de devoción privada. Pequeño, portátil, se podía abrir para rezar y cerrar para protegerlo durante un viaje.
Uno de los más célebres es el Díptico Wilton, pintado hacia 1395–1399 y conservado en la National Gallery de Londres. Son dos pequeñas tablas de roble pintadas al temple. En una, el rey Ricardo II de Inglaterra aparece arrodillado, acompañado de santos; en la otra, la Virgen con el Niño, rodeada de ángeles vestidos de azul. Las dos escenas están separadas físicamente por la bisagra, pero se miran: el rey dirige su mirada hacia la Virgen, y el Niño se inclina hacia él. Es una lección perfecta de cómo dos imágenes pueden crear una sola historia.
Del retablo a la vanguardia
El díptico tiene parientes cercanos: el tríptico, con tres paneles, a menudo con un panel central y dos alas que se cierran sobre él, y el políptico, con muchos paneles, como los grandes retablos de las iglesias.
En el arte moderno y contemporáneo, el díptico se liberó de su función devocional y se convirtió en una herramienta formal. Muchos artistas lo han usado para trabajar la repetición, la comparación, el antes y el después, o la tensión entre dos colores o dos estados de una misma imagen. Andy Warhol, por ejemplo, tituló Díptico de Marilyn (1962) una de sus obras más conocidas: cincuenta imágenes de la actriz, en color en un panel y en blanco y negro desvaído en el otro, como vimos en la serigrafía artística. Y en la fotografía, el díptico es un recurso habitual para poner en diálogo dos imágenes.
Cómo funciona un díptico
Lo que distingue un díptico de dos obras colgadas juntas es la relación entre ellas. En un díptico, cada parte necesita a la otra. Esa relación puede ser de varios tipos.
Continuidad: una sola imagen partida en dos, como un paisaje cuyo horizonte atraviesa ambos paneles. Correspondencia: dos imágenes distintas que se reflejan, como el día y la noche, o dos estaciones. Contraste: dos imágenes opuestas que se tensan, en color, en forma o en tema. Y diálogo: dos figuras o elementos que se miran, como en el Díptico Wilton.
Colgar un díptico en casa
Dos láminas pensadas para ir juntas, o dos láminas que tú decides emparejar, pueden funcionar como díptico en tu pared. Algunas pautas:
El mismo formato y el mismo marco. Para que se lean como una unidad, conviene que las dos piezas tengan el mismo tamaño, la misma orientación y el mismo marco y paspartú.
Una separación pequeña. Entre 3 y 8 cm suele bastar. Si se separan demasiado, se convierten en dos obras independientes; si se pegan, pierden la respiración.
Alineadas con precisión. Los bordes superior e inferior deben coincidir exactamente. Un desnivel de pocos milímetros se nota mucho en un díptico.
Centradas como conjunto. Sobre un sofá o una cómoda, el centro del díptico, el hueco entre las dos piezas, debe coincidir con el centro del mueble. Lo desarrollamos en cómo colgar dos cuadros juntos.
Dos que son uno
El díptico es uno de los formatos más antiguos del arte, y también uno de los más actuales. Nos recuerda que una imagen puede necesitar a otra para completarse, y que el espacio entre dos piezas también forma parte de la obra.
Algunas láminas de Bendíra funcionan bien en pareja, como Tide y Harbour, de la colección Costa, que comparten paleta y horizonte.
Para seguir leyendo: Simetría o composición libre: cómo ordenar cuadros y Cómo elegir láminas decorativas para el salón.