A ella le encantan los carteles de colores intensos; él prefiere las fotografías en blanco y negro. Uno de los compañeros de piso trajo una lámina enorme de un grupo de música; otro no soporta tener nada en las paredes. Los padres quieren las fotos de la familia en el salón; los hijos adolescentes, otra cosa. Compartir casa es compartir paredes, y el arte, que es algo tan personal, puede convertirse en una pequeña fuente de fricción. Pero también puede ser lo contrario: una manera de construir algo en común, un espacio donde cada uno se reconozca un poco.
Espacios propios y espacios comunes
La primera distinción útil es entre los espacios de cada uno y los espacios de todos. En el dormitorio propio, cada persona decide. Ahí cabe el cartel del grupo de música, la colección de postales o la pared completamente vacía. Es el lugar de la expresión personal, y conviene respetarlo sin opinar demasiado.
Las zonas comunes, salón, cocina, pasillo, recibidor, son otra cosa. Son el lugar donde todos pasan tiempo, donde se recibe a las visitas, donde se construye la sensación de hogar compartido. Ahí, el arte funciona mejor cuando nace de un acuerdo.
Empezar por lo que gusta a todos
En lugar de discutir qué obra concreta colgar, suele funcionar mejor empezar por lo que todos comparten. Algunas preguntas que ayudan: ¿qué colores os gustan a todos? ¿Qué ambiente queréis que tenga el salón, tranquilo, alegre, acogedor? ¿Hay algún tema que os guste a todos, un lugar, la naturaleza, la arquitectura, la música?
Muchas veces, gustos que parecen opuestos tienen más puntos en común de los que parece. Alguien que ama el color y alguien que prefiere el blanco y negro pueden coincidir en obras gráficas de pocos colores; alguien que prefiere lo abstracto y alguien que prefiere lo figurativo pueden coincidir en paisajes muy sintéticos. Lo explicamos en cómo descubrir tu estilo en arte.
Elegir juntos
Una idea sencilla: buscar obras juntos. Una tarde de navegar por tiendas en línea, un paseo por un mercado de diseño, una visita a una galería. Ver obras en compañía permite descubrir reacciones del otro que no se adivinarían: lo que le hace sonreír, lo que le aburre. Y una obra elegida juntos se vive como propia por todos.
Si no hay acuerdo sobre una obra concreta, se puede probar a hacer una preselección cada uno y buscar coincidencias, o a turnarse: una pared la elige uno, la siguiente otro, con alguna regla común, como la paleta o el marco.
Una regla común
Cuando conviven gustos diferentes, una regla visual común ayuda mucho a que el conjunto se vea coherente. Puede ser el marco: todas las obras de las zonas comunes con el mismo tipo de marco, aunque las imágenes sean muy distintas. Puede ser la paleta: obras variadas, pero que compartan dos o tres colores. O puede ser el paspartú: todas con un paspartú blanco amplio, que unifica. Lo contamos en cómo mezclar marcos de metal y madera.

Con una regla común, una lámina abstracta y una fotografía en blanco y negro pueden convivir en la misma pared sin que parezca una batalla.
Las paredes de galería, terreno neutral
Una pared de galería es una solución muy útil para casas compartidas, porque admite piezas de distintas personas sin que ninguna domine. Cada uno puede aportar una o dos obras, y el conjunto se convierte en un retrato colectivo de la casa. Además, es fácil de cambiar: si alguien se va, se lleva sus obras y otro aporta las suyas. Lo desarrollamos en cómo construir una pared que evolucione contigo.
Cuando alguien se muda
En los pisos compartidos, las personas cambian. Conviene tener claro desde el principio de quién es cada obra, sobre todo si se compran a medias. Una conversación sencilla, «esta es tuya, esta es mía, esta la compramos juntos y la sorteamos si nos separamos», evita malentendidos más adelante. En pareja, esta conversación es menos habitual, pero puede igualmente servir para valorar lo que cada uno aporta.
Un hogar con varias voces
Una casa compartida con arte bien elegido no es la casa de nadie en concreto, sino la de todos. Las diferencias de gusto no tienen por qué ser un problema: pueden ser una riqueza, si hay un espacio para lo personal, un acuerdo para lo común y una regla que ayude a que todo conviva.
Si buscáis un punto en común, las láminas de una misma colección de Bendíra, con su paleta compartida, pueden ser una buena base para las zonas comunes.
Para seguir leyendo: Simetría o composición libre: cómo ordenar cuadros y Cómo crear una galería de cuadros en casa.