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Arte y movimientos

Arte moderno y contemporáneo: diferencias principales

Pared con dos láminas lado a lado, una geométrica de colores primarios y otra abstracta cálida, en marcos negros iguales

Es una de esas confusiones tan habituales que casi nadie se atreve a preguntar. Al fin y al cabo, «moderno» y «contemporáneo» parecen sinónimos en la vida diaria: un piso moderno, un diseño contemporáneo. Pero en el arte significan cosas distintas. De manera muy resumida, el arte moderno es el de un periodo histórico ya cerrado, que suele situarse aproximadamente entre mediados del siglo XIX y los años sesenta o setenta del siglo XX, mientras que el arte contemporáneo es el arte de nuestro tiempo, el que se hace ahora o en un pasado reciente. La frontera entre ambos no es una fecha exacta, y cada museo la traza a su manera, pero entender lo que separa a uno del otro ayuda mucho a mirar.

Moderno: un periodo con nombre propio

El arte moderno no significa «arte nuevo», sino el arte de la modernidad, esa época de enormes transformaciones que trajo la industrialización, las grandes ciudades, la fotografía, el ferrocarril y, más tarde, la electricidad y el automóvil. Ante ese mundo que cambiaba tan deprisa, muchos artistas sintieron que las formas tradicionales de pintar ya no servían para contarlo.

Por eso, el arte moderno suele asociarse a una sucesión de rupturas. Los impresionistas salieron a pintar la luz cambiante del aire libre. Los postimpresionistas exploraron el color y la estructura. El cubismo de Picasso y Braque descompuso los objetos en planos. Llegaron el expresionismo, el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo y la abstracción. Cada movimiento cuestionaba al anterior y proponía una nueva manera de ver.

Lo que une a todas estas corrientes, tan distintas entre sí, es una cierta fe en el progreso del arte: la idea de que había que avanzar, romper con el pasado y encontrar un lenguaje propio de su tiempo. Los artistas modernos escribían manifiestos, se agrupaban en movimientos y discutían apasionadamente sobre qué debía ser la pintura.

Contemporáneo: el arte de ahora

El arte contemporáneo, en cambio, no es un estilo ni un movimiento, sino un marco temporal: el arte de nuestro tiempo. Y como nuestro tiempo avanza, el término se desplaza con él. La Tate lo explica con un ejemplo muy claro: el Institute of Contemporary Arts de Londres, fundado en 1947, se ocupa del arte desde ese año, mientras que el New Museum de Nueva York eligió como punto de partida 1977. En los años ochenta, la propia Tate llegó a plantear un museo de arte contemporáneo que definiría como tal el arte de los últimos diez años, de forma móvil.

Visitante sentado en un banco de una sala de galería, de espaldas, ante una gran obra abstracta

Es decir, no hay una fecha universal. Lo que sí suele aceptarse es que, a partir de los años sesenta y setenta, algo cambió. La idea de una sucesión ordenada de movimientos empezó a desdibujarse, y los artistas comenzaron a trabajar con una libertad enorme de medios y lenguajes.

Las diferencias que más se notan

Más allá de las fechas, hay algunos rasgos que ayudan a distinguir una sensibilidad de la otra, siempre con la advertencia de que son tendencias y no reglas.

El arte moderno suele centrarse en la pintura y la escultura y en cómo renovarlas. El contemporáneo abre el abanico a la instalación, el vídeo, la performance, la fotografía, el arte digital o las obras efímeras; cualquier medio puede ser arte.

El arte moderno tiende a la búsqueda de un lenguaje formal nuevo: cómo pintar el color, el espacio, el movimiento. El contemporáneo se interesa a menudo más por las ideas y los contextos: la identidad, la política, la memoria, el medio ambiente, la tecnología, la relación con el espectador.

El arte moderno se organiza en movimientos con nombre propio. El contemporáneo es más plural y difícil de clasificar: conviven estilos, técnicas y preocupaciones muy distintas sin que ninguna se imponga.

Un caso práctico

Un cuadro cubista de Picasso de los años diez es arte moderno: pertenece a ese periodo y a esa búsqueda. Una obra abstracta pintada hoy por un artista joven, aunque recuerde a la abstracción de los años cincuenta, es arte contemporáneo, porque se hace en nuestro tiempo y dialoga, aunque sea con ironía o con homenaje, con todo lo que ha venido antes. La diferencia no está solo en el aspecto, sino en el momento y en el contexto.

Persona caminando despacio por una galería tranquila de paredes claras

En los museos españoles

Los museos reflejan esta frontera móvil de maneras distintas. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid, reúne arte del siglo XX y de nuestros días, con piezas modernas como el Guernica de Picasso junto a obra contemporánea. Otros centros se dedican específicamente a lo contemporáneo. Para el visitante, la mejor pista suele ser fijarse en las fechas de las salas: el recorrido mismo cuenta la historia del paso de una época a otra.

¿Y en casa?

Cuando hablamos de decoración, las palabras se usan con mucha más libertad: un «cuadro moderno» suele querer decir simplemente actual o de líneas limpias. No pasa nada, pero conviene saber que, en sentido estricto, buena parte de las láminas que se describen como modernas son en realidad contemporáneas, hechas hoy, aunque muchas beban de la tradición moderna, de la Bauhaus, la abstracción geométrica o el diseño de mediados de siglo.

Esa mezcla es, de hecho, una de las cosas más interesantes del arte contemporáneo en casa: obras nuevas que dialogan con un lenguaje que tiene ya un siglo. Si te atrae esa conversación, en las colecciones de Bendíra hay láminas contemporáneas que reinterpretan formas de la abstracción moderna con paletas cálidas y serenas.

Para seguir leyendo: Qué es el arte abstracto: una guía para principiantes, Arte minimalista: menos elementos, más significado y Arte de mediados del siglo XX: formas y colores.

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