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Cultura visual

Del margen al encuadre: cómo cambia una imagen

Paisaje amplio con campo, un grupo de árboles, un árbol aislado y un gran cielo

Toma una fotografía cualquiera de un paisaje: un campo, unos árboles, el cielo. Ahora imagina que la recortas de tres maneras. En la primera, dejas mucho cielo y una franja estrecha de tierra abajo: la imagen habla de amplitud, de aire, de calma. En la segunda, recortas el cielo y te quedas con los árboles llenando el marco: ahora habla de densidad, de textura, de bosque. En la tercera, aíslas un solo árbol en un rincón, con mucho espacio vacío a su alrededor: habla de soledad, de silencio. Es la misma imagen. Pero lo que cuenta depende por completo de dónde se ponen los bordes. Eso es el encuadre, y es una de las decisiones más poderosas de cualquier imagen.

Los bordes deciden

Toda imagen tiene límites. Una pintura termina donde termina el lienzo; una fotografía, donde termina el sensor o el negativo; una lámina, donde la corta la guillotina. Esos límites no son neutros: deciden qué queda dentro y qué queda fuera, y por tanto qué vemos y qué imaginamos.

Por eso los fotógrafos, los pintores y los ilustradores dedican tanta atención al encuadre. Mover un borde unos centímetros puede cambiar el equilibrio, la tensión y el significado de una imagen.

Tres decisiones de encuadre

En la práctica, el encuadre se juega en tres decisiones.

La misma lámina enmarcada de tres formas: paspartú sobre el borde, paspartú flotante y borde del papel como paspartú

Qué incluir. Cada elemento que entra en el encuadre compite por la atención. Un encuadre amplio, con mucho contexto, cuenta una situación; uno cerrado, que aísla un detalle, cuenta una sensación. Cuanto menos se incluye, más importancia tiene cada cosa.

Dónde cortar. Los cortes atrevidos, que dejan fuera parte de un objeto o de una figura, crean tensión y sugieren que la imagen continúa más allá del marco. Como vimos en el grabado japonés ukiyo-e, los artistas japoneses usaban mucho este recurso, y fascinó a los pintores europeos. Los cortes cuidadosos, que dejan los objetos completos y con aire, transmiten calma y orden.

Cuánto espacio dejar. El espacio vacío alrededor del tema principal es parte de la composición. Mucho aire da ligereza y protagonismo al tema; poco aire da intensidad y densidad. Lo desarrollamos en arte y silencio visual.

Proporción y orientación

El formato del encuadre también cuenta. Un encuadre horizontal favorece la amplitud, el horizonte, la calma. Uno vertical favorece la altura, la figura, el movimiento ascendente. Uno cuadrado es más neutro y estable. Y la proporción, más alargada o más compacta, cambia también la sensación: no es lo mismo un 1:1,41 que un 3:4, como vimos al comparar formatos en formato A3 o 30 × 40.

Del encuadre al margen

Cuando la imagen se convierte en lámina y luego en obra enmarcada, aparecen nuevas capas de encuadre. Primero, el margen del papel, si lo tiene, que actúa como un primer marco blanco. Luego, el paspartú, que define una nueva ventana y puede tapar unos milímetros de imagen. Y finalmente, el marco, que separa la obra de la pared.

Composición de influencia japonesa: rama recortada en primer plano, montaña pequeña al fondo, colores planos

Cada una de estas capas modifica la percepción. Un margen blanco amplio da aire y aislamiento; un paspartú estrecho, intensidad. Un paspartú que recorta un poco la imagen puede cambiar su equilibrio si había algo importante cerca del borde. Por eso, al enmarcar, conviene respetar el encuadre original de la obra, que el artista eligió por algo. Hablamos de los márgenes en bordes blancos en una lámina.

Recortar, con cuidado

A veces, para encajar una lámina en un marco, se plantea recortarla. Merece la pena pensarlo dos veces: recortar es cambiar el encuadre, y por tanto cambiar la obra. Una imagen pensada con aire alrededor del tema puede volverse agobiante; una con un corte calculado, desequilibrada. Si hace falta ajustar, suele ser mejor cambiar el paspartú que el papel.

Mirar los bordes

La próxima vez que mires una lámina, fíjate en sus bordes: qué ha dejado fuera el artista, dónde ha cortado, cuánto aire ha dejado. Es un ejercicio sencillo que revela mucho sobre una imagen. El encuadre es lo que convierte lo que hay delante de la cámara o del pincel en una obra.

Para seguir leyendo: El papel del espacio negativo en el arte.

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