Durante siglos, la chimenea fue el centro de la casa: el lugar donde se cocinaba, se calentaba la familia y se contaban las historias. Hoy muchas ya no se encienden, o lo hacen solo algunas noches de invierno, pero siguen conservando ese poder de atracción. En un salón con chimenea, la mirada va hacia ella antes que hacia ningún otro sitio. Por eso la pared que la corona es, casi siempre, el lugar más importante para el arte de la casa. Y también uno de los que piden más atención, porque al protagonismo se suma el calor.
Un punto focal ya resuelto
La chimenea ofrece algo que otras paredes no tienen: un eje. La repisa marca una línea horizontal clara, la boca un centro, y la pared de arriba una superficie enmarcada por la propia arquitectura. Eso facilita mucho la composición. La opción más clásica, y casi siempre acertada, es una sola obra centrada sobre la repisa, que complete la simetría del conjunto.

En cuanto al tamaño, la pauta es parecida a la de otros muebles: la obra suele verse bien cuando ocupa entre la mitad y dos tercios del ancho de la repisa. Sobre una repisa de 140 cm, una pieza de unos 70 a 90 cm de ancho, sea una lámina grande con paspartú o un marco amplio. Una obra demasiado pequeña sobre una chimenea imponente parece tímida; una demasiado ancha desborda la arquitectura.
La repisa como escenario
La repisa permite algo muy agradable: combinar obra colgada y objetos apoyados. Un candelabro, un jarrón con ramas, unos libros, una pieza de cerámica. Y también obras apoyadas en lugar de colgadas, una tendencia muy extendida que da un aire relajado y cambiante. Una lámina grande apoyada contra la pared sobre la repisa, con una más pequeña superpuesta delante en un lado, crea profundidad y permite renovar la composición sin agujeros.
Si se cuelga la obra, la distancia entre la repisa y el borde inferior del marco suele estar entre 15 y 25 cm, igual que en un aparador. Si hay objetos altos en la repisa, puede ser algo más.
Simetría o asimetría
La chimenea pide simetría casi por instinto, y una obra centrada con dos objetos iguales a los lados es una composición que transmite orden y calma. Pero la asimetría también funciona: la obra desplazada hacia un lado y equilibrada en el otro por un objeto alto, una planta o una lámpara. Es una composición más contemporánea y más dinámica. La clave es que el conjunto se sienta equilibrado, aunque no sea idéntico a ambos lados. Profundizamos en estas dos maneras de ordenar en simetría o composición libre.

El calor: la parte menos romántica
Aquí está la diferencia importante con cualquier otra pared. Si la chimenea se usa, el aire caliente sube por la pared y la zona justo encima de la boca puede calentarse bastante, además de recibir humo y hollín cuando el tiro no es perfecto. El papel y las tintas no se llevan bien con el calor ni con el humo: pueden amarillear, ondularse o ensuciarse con el tiempo.
Algunas precauciones sensatas. Toca la pared cuando la chimenea lleve un rato encendida: si está caliente al tacto, no es buen sitio para una lámina. Deja una buena distancia entre la boca y la obra; cuanto más se use la chimenea, más separación conviene. Una repisa profunda ayuda, porque desvía parte del calor y el humo. Y enmarca siempre la obra con cristal y una trasera bien cerrada, que la protegen del hollín.
Si tienes dudas, o la chimenea se usa a diario, la opción más prudente es dedicar esa pared a algo que soporte mejor el calor, como un espejo o un objeto de cerámica, y colgar las láminas en los laterales, en las paredes junto a la chimenea, donde el calor llega mucho menos.
En las chimeneas que no se encienden, decorativas o selladas, nada de esto aplica, y la pared se trata como cualquier otra.
Los laterales también cuentan
Muchas chimeneas tienen huecos a los lados, a veces con estanterías empotradas. Son lugares perfectos para obras más pequeñas, apoyadas entre los libros o colgadas en el centro del hueco. Ahí, además, el calor es mucho menor. Una pareja de láminas verticales iguales, una a cada lado, refuerza la simetría de la chimenea sin cargarla.

El corazón de la casa
Decorar la pared de una chimenea es decorar el lugar hacia el que todo mira. Con una obra bien dimensionada, una repisa compuesta con calma y un poco de prudencia con el calor, ese punto focal se convierte en el corazón de la casa, encendido o no.
Para una pared como esta, una lámina de 50 × 70 cm de Bendíra con un paspartú generoso tiene la presencia suficiente, enmarcada a tu gusto y con cristal.
Para seguir leyendo: Cómo proteger el arte impreso de la luz y la humedad, Cómo colocar láminas en una estantería sin colgarlas y Cómo elegir el tamaño de un cuadro para cada pared.