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Cultura visual

Arte y naturaleza: cómo aparecen las formas naturales

Lámina de colinas abstractas junto a una rama natural en un jarrón

La espiral de una concha, las ramificaciones de un árbol en invierno, las ondas que deja el viento en la arena, la red de nervios de una hoja vista a contraluz. La naturaleza está llena de formas que, sin que nadie las haya diseñado, parecen obras de arte. No es extraño que los artistas de todas las épocas hayan vuelto a ellas una y otra vez, a veces para representarlas con fidelidad, a veces para extraer de ellas un ritmo, una estructura o una paleta. Entender cómo aparecen esas formas naturales en el arte ayuda a reconocerlas en las obras que nos rodean y a elegir, si nos atraen, imágenes que traigan algo del mundo exterior a nuestras casas.

Formas que se repiten

Al observar la naturaleza con atención, aparecen algunas formas que se repiten en contextos muy distintos.

Bodegón de guijarros lisos, una hoja y una concha sobre una tela de lino

La espiral está en las conchas de muchos moluscos, en la disposición de las semillas de un girasol, en ciertos helechos que se desenrollan, en los remolinos de agua. Es una forma de crecimiento, que se expande sin perder su estructura. Conviene, eso sí, tomar con cautela algunas afirmaciones populares que ven proporciones matemáticas exactas en todas las espirales naturales: hay ejemplos reales, pero también muchas exageraciones.

La ramificación aparece en los árboles, en los ríos vistos desde el aire, en los rayos, en los vasos sanguíneos. Una línea que se divide una y otra vez en líneas más pequeñas.

La onda está en el agua, en la arena de las dunas, en las vetas de la madera, en las líneas de un paisaje de colinas. Es la forma del movimiento.

La célula o la red aparece en los panales, en la piel de algunos frutos, en la espuma, en el barro seco que se cuartea. Espacios que se agrupan formando un tejido.

Y el horizonte, quizá la forma natural más sencilla y más presente en el arte: una línea que separa la tierra o el mar del cielo.

La naturaleza como modelo

Durante siglos, la manera más habitual de llevar la naturaleza al arte fue representarla: paisajes, flores, animales, bodegones. Pero a finales del siglo XIX y principios del XX, algunos artistas y científicos empezaron a mirarla de otra manera, fijándose en sus estructuras.

Hoja, piedra pequeña y flor seca recogidas en un paseo, colocadas sobre papel como muestras de color

El biólogo alemán Ernst Haeckel publicó a comienzos del siglo XX una obra titulada Formas artísticas de la naturaleza, con láminas de organismos marinos, radiolarios, medusas y otras criaturas dibujados con una simetría y un detalle que influyeron en el arte decorativo de su tiempo, en especial en el modernismo. Poco después, el fotógrafo alemán Karl Blossfeldt fotografió plantas muy de cerca, mostrando tallos, brotes y semillas como si fueran piezas de arquitectura o de escultura. Su trabajo reveló que la naturaleza, mirada con atención, contiene un repertorio de formas casi infinito.

La naturaleza abstraída

En el arte del siglo XX y en el contemporáneo, la naturaleza aparece a menudo de manera abstraída: no se representa un árbol concreto, sino el ritmo de sus ramas; no una ola, sino el movimiento ondulante; no una colina, sino la curva de su perfil. Muchos artistas abstractos partieron de formas naturales y las fueron depurando hasta quedarse con lo esencial, como vimos en arte de formas orgánicas: raíces y lenguaje visual.

Ese camino de la naturaleza a la abstracción es también el de muchas láminas contemporáneas: colinas reducidas a dos curvas, un mar convertido en franjas de color, una hoja simplificada hasta su silueta.

Lo que la naturaleza aporta a una casa

Las imágenes inspiradas en la naturaleza tienen una presencia especial en casa. Traen al interior algo del exterior: la sensación de un horizonte, el ritmo del agua, la textura de una hoja. Encajan con naturalidad con los materiales naturales, como la madera, el lino, la piedra y la cerámica, y con las plantas reales.

Primer plano de una hoja verde que muestra su simetría bilateral respecto al nervio central

Conviene, sin embargo, no atribuirles más de lo que pueden dar. A veces se presentan las imágenes de naturaleza como si tuvieran efectos demostrados sobre el bienestar o como si colgar un paisaje fuera un gesto ecológico. Son afirmaciones que conviene tomar con prudencia. Lo que sí puede decirse es que muchas personas encuentran en esas imágenes una calma y una belleza que les gusta tener cerca.

Cómo elegir

Si te atraen las formas naturales, piensa en qué aspecto de la naturaleza te interesa más. Los paisajes y horizontes aportan amplitud y calma, y funcionan bien en salones y dormitorios. Las formas botánicas, como hojas, ramas y flores, aportan delicadeza y encajan en espacios íntimos. Las estructuras, como espirales, ondas y redes, tienen un carácter más gráfico y contemporáneo. Y las abstracciones de la naturaleza, que sugieren sin representar, son las más versátiles.

Lámina botánica de estilo científico con una planta inventada, dibujo detallado sobre fondo claro
Lámina botánica contemporánea y simplificada de hierbas marinas, con formas limpias en un marco

Mirar fuera para mirar dentro

La naturaleza ha sido siempre una de las grandes maestras del arte. Sus formas, repetidas en conchas, árboles, olas y colinas, siguen inspirando a artistas de todo tipo, y siguen encontrando su lugar en las paredes de nuestras casas.

En las colecciones de Bendíra, la naturaleza aparece abstraída: colinas de olivo, mareas, hierbas marinas y soles bajos reducidos a formas sencillas y paletas que vienen del paisaje.

Para seguir leyendo: El arte botánico: de la ilustración científica a la decoración, La belleza de las formas orgánicas en el diseño y La historia de la ilustración botánica en Europa.

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