Mira un dibujo de una fachada sin ninguna persona, ningún coche, ningún árbol. Unas ventanas, una puerta, una cornisa. ¿Qué tamaño tiene ese edificio? Podría ser una casita de dos plantas o un palacio de veinte metros. Ahora añade una pequeña figura humana junto a la puerta. De repente, todo encaja: la puerta mide dos metros, las ventanas son altas, el edificio es enorme o modesto. Esa figura diminuta, a menudo dibujada con cuatro trazos, es uno de los recursos más antiguos y eficaces de la representación arquitectónica. Sin ella, la arquitectura dibujada flota en una escala indefinida.
El problema de la escala
Un dibujo es una superficie plana de un tamaño determinado, digamos una lámina de 30 × 40 cm. En ella puede representarse una silla, una casa o una ciudad entera. El dibujo, por sí solo, no nos dice cuál de las tres es. Necesitamos una referencia que conozcamos, algo cuyo tamaño real tengamos interiorizado, para poder calcular el resto.
Y no hay referencia más intuitiva que el propio cuerpo humano. Sabemos, sin pensarlo, cuánto mide una persona. Por eso, en cuanto aparece una figura en un dibujo, nuestro cerebro la usa como regla para medir todo lo demás.
Las figuras de escala
En el dibujo de arquitectura, estas figuras tienen un papel muy concreto. Se dibujan de forma sencilla, a menudo esquemática, para no distraer de la arquitectura. Se sitúan en lugares que ayudan a leer el espacio: junto a una puerta, bajo un porche, al pie de una escalera, en una plaza. Y se dibujan a la escala exacta del resto del dibujo, porque si no, el engaño sería peor que la ausencia.

Además de dar escala, las figuras cuentan cómo se usa un espacio. Una persona sentada en un banco, otra caminando, un niño corriendo: el dibujo deja de ser un objeto y se convierte en un lugar habitado.
Otras referencias de escala
La figura humana no es la única referencia. Los dibujantes de arquitectura utilizan también otros elementos cuyo tamaño conocemos bien.
Los objetos cotidianos: una silla, una mesa, una bicicleta, un coche. La vegetación: un árbol adulto o un arbusto, aunque su tamaño es más variable. Los elementos arquitectónicos estándar: los peldaños de una escalera, de unos 17 o 18 cm de alto, las puertas, de unos dos metros, las barandillas, a la altura de la cintura. Quien conoce estas medidas puede calcular el tamaño de un edificio solo con contar escalones.
Exagerar la escala
La escala humana también puede usarse para exagerar. Como vimos en la ilustración arquitectónica como género gráfico, Piranesi poblaba sus vistas de Roma con figuras diminutas que hacían parecer los monumentos aún más grandiosos. Hugh Ferriss, en sus dibujos de la ciudad del futuro, a menudo reducía a las personas a puntos casi invisibles al pie de los rascacielos.
El recurso funciona en ambas direcciones: figuras más pequeñas de lo real engrandecen la arquitectura; figuras más grandes la hacen íntima y doméstica. Por eso conviene mirar las figuras de un dibujo con atención: nos dicen no solo el tamaño, sino la intención del dibujante.
Arquitectura a la medida del cuerpo
La idea de que la arquitectura debe medirse con el cuerpo humano tiene una larga tradición. El arquitecto romano Vitruvio relacionó las proporciones de los edificios con las del cuerpo humano, una idea que siglos después Leonardo da Vinci ilustró en su célebre dibujo del hombre inscrito en un círculo y un cuadrado. En el siglo XX, Le Corbusier desarrolló el Modulor, un sistema de medidas basado en la altura de una figura humana. La escala humana no es solo un recurso de dibujo: es una manera de pensar el espacio.

En una lámina
Las ilustraciones y fotografías de arquitectura que incluyen figuras humanas tienen una cualidad especial en casa: invitan a entrar. Una fachada vacía puede ser bella pero distante; la misma fachada con una pequeña figura asomada a la ventana se vuelve una historia.
Y la escala de la figura también cambia la sensación de la lámina en la pared: una imagen con figuras diminutas abre el espacio y da sensación de amplitud; una con figuras grandes, en primer plano, crea cercanía. Lo exploramos en relación con la fotografía de arquitectura en fotografía de arquitectura como arte.
La medida de todas las cosas
Una pequeña figura junto a una puerta convierte un dibujo en un lugar. Es un recurso tan sencillo que casi no lo vemos, y tan eficaz que sin él la arquitectura dibujada perdería su sentido. Mirar las figuras de un dibujo, y su tamaño, es una manera más de leer la imagen.
Para seguir leyendo: Arte y arquitectura: una relación que transforma espacios, Ilustración editorial: imágenes que cuentan ideas y Arte geométrico: formas, color y composición.