Envío gratis a la Península y Portugal en pedidos de más de 50 € · Envíos a toda la UE

Estilos e interiores

Color mostaza en decoración: qué arte combina

Sofá de terciopelo mostaza con una lámina en azul marino y petróleo encima, sobre paredes neutras

El mostaza es uno de esos colores que despiertan pasiones. Para unos es el tono más cálido y optimista que se puede llevar a casa, un amarillo con cuerpo que recuerda a los campos al final del verano, a la luz de una tarde de otoño o a los muebles de mediados del siglo pasado. Para otros es un color difícil, que se apodera de todo si no se controla. Las dos visiones tienen razón. El mostaza tiene mucha personalidad y pide medida: funciona de maravilla como acento o en un mueble protagonista, y necesita colores que lo equilibren. Elegir arte para convivir con él, o usarlo dentro de una lámina, es sobre todo una cuestión de dosis y de contraste.

Un amarillo con tierra

El mostaza es, en el fondo, un amarillo apagado, con un punto de marrón o de verde que lo hace más terroso y menos chillón que un amarillo puro. Esa mezcla es lo que le da su calidez y su versatilidad. Hay mostazas más dorados, cercanos al ocre; otros más verdosos, cercanos al oliva; y otros más tostados, casi caramelo.

Paleta de mediados de siglo: madera de teca, mostaza, naranja quemado, oliva y turquesa, con tres mostazas distintas

Su carácter terroso explica por qué se lleva tan bien con los materiales naturales y por qué fue tan querido en el diseño de mediados del siglo XX, junto a la teca, el nogal y los naranjas tostados. Hablamos de esa paleta en arte de mediados del siglo XX: formas y colores.

La regla de la dosis

Si hay algo que caracteriza al mostaza es su capacidad para dominar un espacio. Un poco de mostaza alegra una habitación; demasiado puede volverla pesada o cansada. Por eso, la manera más segura de usarlo es como acento, en una proporción pequeña respecto al resto de colores.

En una habitación, eso puede ser un sofá, una butaca, unos cojines, una lámpara o una lámina con un toque mostaza. Si ya tienes un elemento mostaza grande, como un sofá o una pared, conviene que el arte de alrededor no añada más del mismo color, sino que lo equilibre.

Si ya tienes mostaza en la habitación

Imagina un sofá de terciopelo mostaza o una butaca de ese color. ¿Qué arte colgar cerca? Hay varias opciones que funcionan muy bien.

Lámina neutra con un pequeño círculo mostaza, colgada en la pared

Azules profundos. El azul marino, el azul petróleo o el índigo son quizá los mejores compañeros del mostaza. Están en el lado opuesto del círculo cromático y crean una tensión cálida y fría muy equilibrada. Una lámina con azules profundos sobre un sofá mostaza es una combinación clásica y elegante.

Grises y carbón. Los grises cálidos y el carbón calman al mostaza y le dan un fondo sobrio que lo hace brillar sin competir. Una obra en blanco y negro o en grises encaja muy bien.

Neutros cálidos. El crema, el hueso y el arena rodean al mostaza de luz y lo suavizan. Una lámina de fondo claro con algún trazo oscuro deja que el mostaza sea el protagonista.

Verdes oliva y tonos tierra. Una paleta de oliva, terracota y arena acompaña al mostaza de forma muy natural, en una armonía cálida y otoñal. Conviene, eso sí, que haya algún punto claro o algún contraste para que no resulte demasiado densa.

El mostaza dentro de la obra

Otra manera de llevar el mostaza a casa es a través del propio arte. Una lámina con un pequeño círculo, una franja o una forma mostaza sobre un fondo neutro aporta un punto de calor muy concentrado, sin necesidad de pintar paredes ni cambiar muebles. Es una manera de probar el color con poco riesgo.

Cojín de terciopelo mostaza junto a una lámpara de latón y una pieza de madera lacada

Funciona especialmente bien en habitaciones de tonos neutros o fríos, donde el mostaza actúa como un pequeño sol. Y si quieres repetirlo, basta con un eco discreto: un cojín, un libro, una cerámica.

Con qué materiales

El mostaza se lleva muy bien con la madera, sobre todo la de tonos medios y cálidos, como la teca, el roble envejecido o el nogal. También con el latón y el bronce, que comparten su calidez dorada. El lino, la lana y el terciopelo le dan profundidad. El cromo y el blanco brillante, en cambio, pueden hacerlo parecer más estridente.

La luz

El mostaza cambia mucho con la luz. Con luz cálida se vuelve más dorado y acogedor; con luz fría del norte puede parecer más verdoso o apagado. Antes de decidirte, mira el color en la luz real de la habitación. En estancias con poca luz natural, un mostaza algo más claro o dorado suele funcionar mejor que uno muy oscuro.

Muestras de un rojo saturado junto a muestras de un terracota apagado

Un color con alegría

El mostaza es un color optimista, con memoria de otras épocas y una calidez que pocos tonos igualan. Usado con medida, como acento o en una pieza protagonista bien equilibrada, puede ser el punto de luz de una casa.

Aunque las láminas de Bendíra no trabajan el mostaza como color principal, varias obras de la colección Luz del sur combinan ocres, arcilla y oliva que dialogan muy bien con muebles y textiles en este tono.

Para seguir leyendo: Cómo elegir arte según la paleta de colores de tu casa, Psicología del color en el arte y los interiores y Arte terracota: combinaciones para interiores cálidos.

TiendaLáminas de arte en cuatro tamañosDescubrirGuía¿Qué tamaño elegir?Ver la guía