Cuando se piensa en el modernismo catalán, lo primero que viene a la mente suele ser la arquitectura: las fachadas ondulantes de Gaudí, los mosaicos de trencadís, el Palau de la Música de Domènech i Montaner. Pero el modernismo, ese gran movimiento de renovación artística que transformó Cataluña a finales del siglo XIX y principios del XX, no se quedó en los edificios. Llegó a los muebles, a las joyas, a las vidrieras, a los libros, a las revistas. Y, de forma muy especial, a las calles, a través de un medio que entonces vivía su edad de oro en toda Europa: el cartel.
Un movimiento total
El modernismo catalán compartía con el art nouveau europeo su amor por las líneas curvas, los motivos vegetales, la figura femenina idealizada y la integración de todas las artes. Pero tenía también un fuerte componente propio: la reivindicación de la cultura catalana, en un momento de prosperidad económica e industrial en Barcelona y de renacimiento de la lengua y la identidad.
En ese contexto, las artes gráficas tuvieron un papel fundamental. La ciudad contaba con una industria editorial e impresora potente, y con talleres litográficos capaces de imprimir grandes formatos a color. Las empresas necesitaban anunciar sus productos, y los artistas encontraron en el cartel un espacio donde experimentar y llegar a un público amplio.
El concurso de Anís del Mono
Uno de los episodios más célebres del cartelismo modernista tuvo lugar en 1898. El fabricante de Anís del Mono, de Badalona, convocó un concurso de carteles con premios en metálico para los tres primeros. Según la Enciclopèdia Catalana, se presentaron más de ciento sesenta propuestas, que se expusieron en la Sala Parés de Barcelona.
El primer premio fue para Ramon Casas, con un cartel en el que una joven con mantilla sostiene un mono de la mano. Casas, uno de los pintores más importantes de su generación, demostró con ese trabajo que el cartel podía tener la calidad de la gran pintura. El Museu Nacional d’Art de Catalunya conserva un estudio al carboncillo de Casas para ese cartel, de 1898, y también una litografía de Anís del Mono de Alexandre de Riquer del mismo año.
Casas y Riquer, los dos maestros
Las fuentes catalanas coinciden en señalar a Ramon Casas y Alexandre de Riquer como los grandes maestros del cartel modernista. Representan dos sensibilidades complementarias.
Ramon Casas tenía un estilo más directo y moderno, cercano a la pintura francesa que conocía bien por sus estancias en París. Sus figuras, a menudo mujeres elegantes, tienen una frescura casi fotográfica, con siluetas recortadas y colores planos. Además de los carteles de Anís del Mono, firmó otros para marcas de cigarrillos, para publicaciones y para espectáculos.
Alexandre de Riquer era más lírico y decorativo, más cercano al prerrafaelismo inglés y al art nouveau de Mucha. Sus carteles están llenos de flores, de líneas ondulantes, de figuras femeninas envueltas en ornamentos. Fue también ilustrador de libros, diseñador de ex libris y poeta.
Junto a ellos trabajaron otros artistas notables, que llevaron el cartel catalán a un nivel equiparable al de París o Bruselas.
Els Quatre Gats
Ningún relato del modernismo gráfico está completo sin Els Quatre Gats. En 1897, Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo y Pere Romeu abrieron en Barcelona una cervecería inspirada en los cabarets artísticos de París, como Le Chat Noir. Durante sus pocos años de vida, hasta 1903, fue el centro de reunión de la vanguardia barcelonesa: allí se celebraban tertulias, exposiciones, espectáculos de sombras y conciertos. Un joven Picasso expuso allí por primera vez en Barcelona y diseñó el menú del local.

El local tuvo además su propia revista, y sus carteles y publicaciones son un ejemplo perfecto de la mezcla de arte, humor y comercio que caracterizaba el ambiente.
Revistas, libros y ex libris
Más allá del cartel, el modernismo transformó todo el diseño impreso. Revistas como Pèl & Ploma, dirigida por Utrillo e ilustrada por Casas, o Joventut, cuidaban cada página como un objeto artístico. Los libros incorporaron cubiertas ilustradas, tipografías decorativas y orlas. Y el ex libris, la pequeña estampa que identifica al propietario de un libro, vivió una auténtica fiebre coleccionista, con Riquer como uno de sus grandes cultivadores. Lo contamos en el contexto del cartel artístico europeo en historia del cartel artístico.
Dónde verlo
Para ver el cartelismo modernista de cerca, el Museu Nacional d’Art de Catalunya, en Barcelona, conserva una importante colección de carteles, dibujos y artes gráficas de la época, y ofrece parte de ella en su colección en línea. La propia Barcelona, con sus fachadas, sus farmacias y sus tiendas modernistas, es un museo al aire libre de esa misma sensibilidad.
Un legado en la calle
El modernismo catalán demostró que el arte podía estar en la calle, en una botella de anís, en una revista o en el menú de una cervecería, sin perder un ápice de calidad. Esa convicción, que compartía con el art nouveau europeo, sigue presente en el diseño gráfico contemporáneo y en la idea de que una lámina en la pared de casa puede ser tan valiosa como un cuadro.
Si te interesa esta época, las colecciones en línea del MNAC son el mejor lugar para empezar a explorar.
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