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Desde el estudio

Cómo combinar una nueva lámina con las obras que ya tienes

Aparador de madera con tres obras: una lámina vertical tierra a la izquierda y dos pequeñas apiladas a su derecha

Una lámina nueva llega a casa y, con ella, una pregunta: ¿dónde va? En una pared vacía, la respuesta es relativamente sencilla. Pero casi nunca partimos de cero. Ya hay cuadros colgados, fotografías, recuerdos, una galería que fue creciendo con los años. La nueva obra tiene que encontrar su sitio entre ellos, sin desentonar y sin que lo anterior parezca, de repente, desfasado. La buena noticia es que no hace falta rehacer nada. Con un poco de observación, se puede integrar una pieza nueva de manera que enriquezca lo que ya existe. Se trata de leer lo que tienes, buscar un puente y decidir, con calma, si la nueva lámina suma, sustituye, rota o abre un espacio propio.

Leer lo que ya tienes

Antes de decidir dónde colocar la nueva lámina, conviene mirar con atención las obras que ya cuelgan en tu casa, como si las vieras por primera vez. Hay algunas cosas en las que fijarse.

Estante con tres láminas enmarcadas superpuestas, de la más grande al fondo a la más pequeña delante

La paleta: qué colores dominan en tus obras actuales. Muchas veces, sin buscarlo, nuestras paredes comparten una familia de colores.

Los marcos: si son de un mismo material o color, o muy variados.

La disposición: si tus obras están en conjuntos, en galerías, en parejas o sueltas, y a qué altura.

El carácter: si predominan las obras tranquilas o las enérgicas, las figurativas o las abstractas, las grandes o las pequeñas.

Esa lectura te dirá mucho sobre dónde puede encajar mejor la nueva pieza.

Buscar un puente

Una obra nueva se integra con naturalidad cuando comparte algo con las que ya tienes. Ese puente puede ser de varios tipos. Un color común: si tus obras tienen tonos tierra, una lámina nueva con algún terracota u ocre se sentirá parte de la familia, aunque su estilo sea distinto. Un marco común: enmarcar la lámina nueva con el mismo perfil que las demás es la forma más sencilla de integrarla. O un tema o un lenguaje común: una nueva ilustración botánica junto a otras botánicas, una nueva abstracción junto a otras abstracciones.

Basta con un puente. No hace falta que la nueva obra se parezca en todo a las anteriores; de hecho, un poco de diferencia aporta frescura. Lo explicamos en cómo combinar cuadros de diferentes tamaños y estilos.

Cuatro maneras de hacerle sitio

Una vez sabes qué tiene en común, toca decidir dónde va. Hay cuatro opciones principales.

Pared con una lámina de tonos cálidos anaranjados enmarcada, ambiente acogedor de invierno
Misma pared con una lámina azul en lugar de la cálida, que da una sensación fresca de verano

Sumarla a un conjunto existente. Si tienes una galería o una composición de varias piezas, la nueva lámina puede incorporarse a ella. Conviene mantener la misma separación entre marcos y buscar un hueco que equilibre el conjunto. A veces hay que mover alguna pieza para hacerle sitio. Si la galería se planificó con espacio para crecer, como recomendamos en cómo crear una galería de cuadros en casa, será más fácil.

Sustituir. A veces, la nueva lámina ocupa el lugar de otra que ya no nos dice tanto. La anterior puede pasar a otra habitación, guardarse un tiempo o regalarse. Sustituir no es descartar, sino dar a cada obra el lugar que le corresponde en cada momento.

Rotar. Si tienes más obras de las que caben en tus paredes, puedes alternarlas: la nueva lámina ocupa un lugar durante unos meses y, después, vuelve otra. Las repisas para cuadros facilitan mucho este juego. Lo contamos en cómo colocar láminas en una estantería sin colgarlas.

Abrir una pared. Y a veces, la nueva lámina merece un espacio propio: una pared que estaba vacía, un rincón olvidado, un pasillo que pedía algo. En ese caso, puede convertirse en el punto de partida de una nueva composición.

Renovar sin tirar

Integrar una obra nueva es también una buena ocasión para mirar de nuevo las que ya tienes. Quizá un cambio de marco haga que una lámina antigua se vea como nueva. Quizá mover una obra de habitación la devuelva a la vida. Quizá reorganizar una galería con la nueva pieza haga que todo el conjunto respire mejor.

No hace falta comprar más para que las paredes cambien. A veces, una sola incorporación es la excusa perfecta para reorganizar con cariño lo que ya teníamos.

Sin prisa por completar

Por último, no hay ninguna obligación de llenar cada hueco ni de completar ninguna colección. Una lámina nueva puede quedarse unos días apoyada en un mueble, mientras decides dónde va. Puede ir cambiando de sitio hasta encontrar el suyo. Esa calma forma parte del placer de vivir con arte, como explicamos en coleccionar sin prisa: una relación personal con el arte.

Pared de galería con cuatro láminas marinas de distintos tamaños en marcos a juego
Misma pared de galería con una lámina nueva integrada entre las anteriores, con la misma separación

Una conversación que continúa

Cada obra nueva que llega a casa entra en una conversación que ya estaba en marcha. Escuchar lo que dicen las obras que ya tienes, buscar un puente y darle a la nueva su lugar hace que esa conversación siga creciendo con naturalidad.

Si alguna vez una lámina de Bendíra se suma a tus paredes, nos gustaría que lo hiciera así: sin desplazar a nadie, uniéndose con calma a lo que ya cuenta tu casa.

Para seguir leyendo: Una pared como lugar para contar una historia y Por qué preferimos elegir menos imágenes y mirarlas mejor.

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