Hay un elemento del enmarcado que transforma una lámina casi más que el propio marco y que, sin embargo, mucha gente no sabe cómo se llama. Es ese cartón, normalmente blanco o crema, que rodea la imagen dentro del marco, con una ventana recortada en bisel por la que asoma la obra. Se llama paspartú, una palabra que viene del francés passe-partout, y cumple dos funciones a la vez: una estética, porque da aire, presencia y elegancia a la obra, y otra de conservación, porque la separa del cristal y la protege. Saber cuándo usarlo, y cómo elegir su ancho y su color, es una de las mejores herramientas para enmarcar con acierto.
La función estética: aire y presencia
La primera razón para usar un paspartú es visual. Al rodear la imagen con un margen neutro, el paspartú la separa del marco y de la pared, y crea un espacio de respiro que dirige la mirada hacia la obra. Es como el silencio antes de una nota: hace que lo que viene después se escuche mejor.

Además, el paspartú da presencia. Una lámina pequeña con un paspartú amplio dentro de un marco más grande gana escala en la pared sin necesidad de ampliar la imagen. Por eso es un recurso tan habitual para obras pequeñas y delicadas, como dibujos, grabados, fotografías o láminas botánicas. Lo comentamos en cómo elegir el tamaño de un cuadro para cada pared.
También ayuda a unificar. En una galería de obras de tamaños distintos, usar paspartús que igualen las medidas exteriores permite que todas las piezas compartan el mismo marco y se lean como un conjunto.
La función de conservación: distancia con el cristal
La segunda función es menos visible, pero muy importante. Una lámina en contacto directo con el cristal puede sufrir con los cambios de humedad: la condensación puede hacer que el papel se adhiera al vidrio, se ondule o se manche. El paspartú crea una pequeña cámara de aire entre la obra y el cristal que evita ese contacto.

Para que esta función de conservación sea real, el material importa. Los paspartús de baja calidad pueden contener ácidos que, con el tiempo, amarillean y migran al papel de la obra, dejando una línea marrón alrededor de la ventana. Por eso, para obras que se quieren conservar, se recomiendan paspartús libres de ácido o de calidad de conservación, a menudo llamados «de museo». Hablamos de conservación en cómo conservar tus láminas artísticas durante años.
El ancho
No hay una medida única, pero sí algunas pautas orientativas. Para láminas pequeñas y medianas, un paspartú de entre 5 y 8 cm por lado suele resultar equilibrado. Para obras pequeñas que se quiere destacar, un paspartú más ancho, de 10 cm o más, da un aire de galería muy elegante. En formatos grandes, el paspartú puede ser proporcionalmente más estrecho, o incluso prescindirse de él.
Conviene que el paspartú sea claramente más ancho que la moldura del marco; si son parecidos, el conjunto puede resultar indeciso.
Existe además una costumbre tradicional en el enmarcado: dejar el margen inferior un poco más ancho que los demás, a veces un centímetro o algo más. Visualmente, compensa la tendencia del ojo a percibir el centro de un rectángulo algo más arriba de su centro real, y da a la obra una sensación de estabilidad.
El color
El blanco y los blancos cálidos, como hueso, marfil o crema, son con diferencia los más utilizados, porque son neutros y dejan todo el protagonismo a la obra. Conviene elegir un blanco que dialogue con el papel de la lámina: un blanco muy puro junto a un papel marfil puede hacer que la lámina parezca amarillenta, y al revés.

El negro o los grises oscuros funcionan con fotografía en blanco y negro o con obras gráficas de mucho contraste, y aportan un aire dramático.
Los colores son menos habituales y más arriesgados: pueden funcionar si recogen un tono de la obra y se usan con intención, pero es fácil que compitan con la imagen.
Variantes
Además del paspartú clásico, hay algunas variantes interesantes. El doble paspartú superpone dos cartones con ventanas de distinto tamaño, de modo que aparece un fino filete de otro color alrededor de la imagen. El paspartú flotante tiene una ventana mayor que el papel, de manera que se ve la lámina entera con sus bordes, como si flotara. Y el corte en bisel, a unos 45 grados, que muestra el alma blanca del cartón, es el acabado más habitual y el que da ese borde fino y luminoso alrededor de la imagen.

Cuándo no usarlo
El paspartú no siempre es necesario. Las obras de gran formato, los carteles o las piezas de carácter muy gráfico a menudo lucen mejor sin él, a sangre en el marco o con un marco flotante. Y en algunos estilos de enmarcado muy contemporáneos se prefiere la imagen directamente bajo el cristal, con separadores invisibles que mantienen la distancia.

Un pequeño marco de luz
El paspartú es quizá el recurso más subestimado del enmarcado: aporta aire, presencia, coherencia y protección, todo a la vez. Bien elegido, convierte una lámina sencilla en una obra que parece mucho más importante.
Las láminas de Bendíra se entregan sin marco y en medidas estándar, lo que permite enmarcarlas con o sin paspartú en marcos de serie fáciles de encontrar.
Para seguir leyendo: Cuadros con marco o sin marco: cómo elegir, Cómo elegir un marco para una lámina artística y Cómo medir una lámina antes de comprar un marco.