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Estilos e interiores

Arte terracota: combinaciones para interiores cálidos

Lámina terracota con un pequeño círculo azul, colgada en la pared

El terracota tiene algo de origen. Es el color del barro cocido, de las tejas de los pueblos, de las macetas en un patio, de los suelos de las casas antiguas. Quizá por eso resulta tan acogedor: evoca lo hecho a mano, el sol, la tierra después de la lluvia. En los últimos años ha vuelto con fuerza a la decoración, y en el arte es uno de los colores que más calidez aportan a una pared. Pero tiene un carácter intenso, y usado sin medida puede volverse pesado o convertir una casa en un ejercicio de tendencia. La clave para disfrutarlo está en entender sus variantes, dosificarlo bien y acompañarlo de los colores y materiales que lo equilibran.

No hay un solo terracota

Igual que el barro cambia según la tierra de la que procede, el terracota tiene muchas variantes. El terracota rosado o melocotón es más suave y luminoso, casi delicado. El terracota clásico, el de la maceta de barro, tiene un naranja tostado equilibrado. El terracota ladrillo, más rojizo y profundo, aporta solidez. Y el óxido o siena tostado, con un fondo más marrón, resulta cálido y otoñal.

Salón de paredes arena con sofá de lino crudo y suelo de barro; sobre el sofá, lámina con un arco terracota y sol bajo

Cada variante transmite algo distinto y combina de manera diferente. Un terracota rosado se lleva bien con cremas y rosas empolvados; un óxido, con verdes oliva y marrones; un ladrillo, con blancos puros y azules.

La proporción: acento o protagonista

En el arte, el terracota puede jugar dos papeles. Como acento, ocupa una parte pequeña de la obra, como un sol, un círculo o un arco, sobre un fondo de tonos claros. Es la manera más sencilla y versátil de usarlo: aporta un punto de calor que despierta la pared sin dominar la habitación. Una lámina de fondo hueso con una sola forma terracota puede funcionar en casi cualquier casa.

Muestras de tonos tierra sobre una superficie: cartas de pintura, arcilla, arena, hojas de olivo y un trozo de terracota

Como protagonista, el terracota ocupa buena parte de la obra. Tiene mucha más presencia y pide un entorno que lo acompañe: paredes claras, muebles de madera, textiles neutros. En una habitación ya muy cálida, con suelos de barro, madera oscura y textiles ocres, una obra mayoritariamente terracota puede resultar excesiva; en una neutra, puede ser exactamente lo que necesita.

Con qué colores equilibrarlo

Arena y marfil son las parejas más naturales del terracota. Los tonos claros y cálidos lo rodean de luz y lo dejan respirar. Una lámina terracota en una habitación de paredes arena y sofá de lino crudo es una combinación casi infalible.

Verde oliva y salvia crean con el terracota la paleta del paisaje mediterráneo, la de las macetas de barro junto a los olivos. Es una combinación muy equilibrada, cálida y natural.

Azul, sobre todo en sus versiones profundas o desvaídas, es casi el complementario del terracota. Juntos crean una tensión muy bonita, la de las tejas contra el cielo o el barro junto al mar. Basta con un toque de azul en la obra o en la habitación para que el terracota brille.

Carbón y negro, en trazos finos o en marcos, aportan estructura y evitan que el terracota se vuelva demasiado blando.

Con qué materiales

El terracota es un color de materiales naturales, y se siente en casa con ellos. La madera, sobre todo en tonos medios y claros, lo acompaña con naturalidad. La cal y las pinturas minerales le dan un fondo luminoso. El lino, el algodón crudo y las fibras vegetales como el yute o el esparto lo rodean de textura. Y la cerámica, del mismo origen que el propio color, cierra el círculo.

Cojín terracota sobre un sofá, con una lámina de tonos tierra desenfocada al fondo

Si en la casa ya hay suelo de barro cocido, una lámina con terracota puede dialogar con él, pero conviene que la obra introduzca también tonos claros o un contrapunto azul o verde, para que el conjunto no se sature.

La luz

El terracota cambia mucho con la luz. Con luz cálida de atardecer o de lámpara se vuelve más intenso, casi incandescente. Con luz fría del norte puede apagarse un poco y acercarse al marrón. Antes de decidir, mira la obra en la luz real de la habitación. En estancias orientadas al norte, los terracotas rosados y luminosos suelen funcionar mejor que los muy oscuros.

Lámina en verde oliva y terracota colgada sobre un sofá de lino

Evitar el exceso

El terracota se ha convertido en un color de tendencia, y eso tiene un riesgo: que acabe en todas partes a la vez, en cojines, mantas, jarrones, láminas y paredes. El resultado puede ser monótono y fechado. Funciona mucho mejor elegir uno o dos lugares donde aparezca con fuerza, por ejemplo una lámina y un cojín, y dejar que el resto de la habitación lo acompañe con tonos más neutros.

Vasija de barro y tela de lino junto a la esquina de una lámina terracota

El calor de la tierra

El terracota es, quizá, el color más acogedor que se puede llevar a una pared. Bien dosificado y acompañado de arena, marfil, madera y algún toque de verde o azul, aporta una calidez que pocos colores igualan.

La colección Luz del sur de Bendíra nace precisamente de ese color: arcos, soles bajos y colinas en terracota, arena y oliva, pensados para habitaciones que miran a la luz.

Para seguir leyendo: Colores tierra en decoración: cómo elegir el arte, Decoración mediterránea contemporánea: arte y materiales y Cómo decorar con arte en tonos verdes.

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