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Estilos e interiores

Cómo decorar con arte en tonos verdes

Dormitorio con cabecero de lino y, encima, una lámina en verde salvia y crema

El verde es, quizá, el color que más fácilmente asociamos con la naturaleza. Está en las hojas, en los campos, en el musgo de las piedras, en las aguas tranquilas de un río. Tal vez por eso, en los últimos años, se ha convertido en uno de los colores más queridos en decoración: verdes salvia en paredes, terciopelos verde botella, cocinas en verde oliva. En el arte, los verdes tienen una gran ventaja: aportan color sin resultar estridentes y se llevan muy bien con los materiales naturales. Pero no todos los verdes son iguales, y elegir el adecuado para cada habitación, y saber con qué combinarlo, marca la diferencia entre una casa serena y una que parece un catálogo de temporada.

Una familia de verdes

Hablar de verde es hablar de una familia enorme. Están los verdes suaves y grisáceos, como el salvia, el eucalipto o el verde piedra, que tienen mucho gris en su composición y resultan muy serenos. Los verdes terrosos, como el oliva, el musgo o el verde caqui, con un fondo amarillento o marrón, cálidos y naturales. Los verdes profundos, como el verde botella, el bosque o el esmeralda oscuro, intensos y envolventes. Y los verdes frescos, como el menta o el verde agua, más claros y luminosos.

Muestras de verdes junto a objetos naturales: salvia, eucalipto, oliva, musgo, verde botella y menta

Cada subfamilia transmite algo distinto, y conocerlas ayuda a elegir. En un mismo espacio, suelen funcionar mejor los verdes de una misma familia que una mezcla de todos.

Con qué materiales

Los verdes se llevan especialmente bien con los materiales naturales, porque comparten con ellos una misma raíz. La madera, en casi todos sus tonos, es quizá su mejor compañera: el roble claro con el salvia, el nogal con el verde botella, el pino o la teca con el oliva. El lino y el algodón crudos, la cerámica de esmalte irregular, el ratán y las fibras vegetales completan el conjunto.

Primer plano de tapizado de terciopelo verde junto a la esquina de una lámina con verde oliva

Los metales cálidos, como el latón y el bronce, también combinan muy bien con los verdes profundos, y aportan un toque de elegancia. El cromo y el acero, en cambio, tienden a enfriarlos.

Con qué colores

Hay algunas combinaciones de colores que funcionan especialmente bien con los verdes.

Con tonos tierra, como el terracota, el ocre o el arena, el verde encuentra su pareja natural, la del paisaje mediterráneo o de campo. El terracota, además, es casi complementario de algunos verdes, lo que crea una tensión muy bonita.

Con neutros cálidos, como el crema, el hueso o el lino, el verde se vuelve sereno y luminoso.

Con azules, sobre todo en sus versiones suaves o marinas, el verde crea paletas frescas, de costa o de bosque junto al agua.

Con rosas apagados, otra combinación casi complementaria, el resultado es delicado y algo inesperado.

Por habitaciones

En el salón, los verdes terrosos y profundos aportan calidez y carácter. Una lámina con verdes oliva y terracota sobre un sofá de lino, o una obra en verde botella junto a una butaca de terciopelo, pueden ser el centro de la habitación.

Sillón de terciopelo verde, lámpara de latón y una lámina colgada a su lado

En el dormitorio, los verdes suaves y grisáceos, como el salvia o el eucalipto, son de los más tranquilos. Una lámina en salvia y crema sobre el cabecero se integra con la ropa de cama de lino y transmite calma.

En la cocina, los verdes frescos y los olivas encajan con la madera, la cerámica y las plantas aromáticas. Una pequeña lámina botánica en tonos verdes es casi un clásico.

En el baño, los verdes agua y salvia evocan frescura y se llevan bien con los azulejos blancos y la madera. Conviene, eso sí, proteger bien la obra de la humedad.

En el recibidor, un verde profundo da carácter desde el primer momento, sobre todo si el espacio tiene buena luz.

Si la pared ya es verde

Cada vez es más habitual encontrar paredes pintadas de verde. En ese caso, el arte funciona mejor si aporta contraste: obras de fondo claro, en crema o hueso, que destaquen sobre el verde, o piezas con acentos terracota o rosados que dialoguen con él. Un paspartú blanco amplio ayuda a separar la obra de la pared. Lo desarrollamos en arte y paredes de color: cómo elegir sin recargar.

Lámina en verde oliva y terracota colgada sobre un sofá de lino

La luz cambia los verdes

Pocos colores cambian tanto con la luz como el verde. Con luz cálida de atardecer, los verdes se vuelven más amarillentos y suaves; con luz fría del norte, más grises y azulados. Antes de decidirte, mira la lámina en la luz real de tu casa, a distintas horas. Lo que en la tienda parecía un salvia perfecto puede verse muy distinto en tu dormitorio.

Lámina con un paspartú blanco ancho colgada sobre una pared verde salvia

Un color que respira

El verde trae a casa algo de la calma del exterior, sobre todo cuando se acompaña de madera, lino y luz natural. Elegir el verde adecuado para cada habitación, y combinarlo con tonos tierra, neutros o azules, permite disfrutar de su frescura sin caer en lo obvio.

Si te atraen los verdes, en las colecciones de Bendíra hay láminas en salvia, oliva y verde mar, desde colinas de olivo hasta hierbas marinas, pensadas para convivir con madera y lino.

Para seguir leyendo: Colores tierra en decoración: cómo elegir el arte, Cómo elegir arte según la paleta de colores de tu casa y Psicología del color en el arte y los interiores.

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