Los días están hechos de grandes acontecimientos, pero sobre todo de pequeños gestos que se repiten. El primer café de la mañana, junto a la misma ventana. Los cinco minutos de lectura antes de apagar la luz. El momento de ponerse los zapatos antes de salir. La taza de té de media tarde. Son rituales tan cotidianos que casi no los vemos, y sin embargo marcan el ritmo de nuestra vida en casa. Muchos de ellos ocurren siempre en el mismo lugar, delante de la misma pared. Y esa pared, a menudo, está vacía o tiene algo que nunca elegimos con intención.
Los lugares de los rituales
Si te detienes a pensarlo, hay en casa unos cuantos puntos donde pasas momentos breves pero repetidos, cada día. Vale la pena identificarlos, porque son los lugares donde una obra puede acompañarte más.
El rincón del café. Puede ser una esquina de la cocina, una mesa junto a la ventana, la barra donde desayunas de pie. Es el primer lugar donde se posa la mirada cada mañana, a menudo todavía medio dormida.
El sillón de lectura. Una butaca junto a una lámpara, el extremo del sofá donde siempre te sientas a leer, la cama antes de dormir. Es un lugar de calma y concentración.
El recibidor. El último lugar que ves al salir y el primero al llegar. El espejo donde te miras, la consola donde dejas las llaves.
El escritorio. Para quien trabaja en casa, el lugar donde levantas la vista cuando buscas una idea.
El baño. El momento de lavarse la cara, de prepararse por la mañana o de relajarse por la noche.
Una obra para cada ritual
Cada uno de esos momentos tiene un carácter, y la obra que lo acompañe puede responder a él.
Para el café de la mañana, una lámina luminosa, con colores que despierten suavemente: ocres, amarillos pálidos, la luz de un paisaje al amanecer. Para la lectura, una obra serena, de pocas formas y paleta suave, que no compita con el libro. Para el recibidor, una pieza con algo de carácter, que dé la bienvenida y despida. Para el escritorio, algo que deje pensar, como contamos en cómo elegir arte para un estudio pequeño en casa. Y para el baño, si las condiciones lo permiten, una obra fresca, con agua, verdes o azules, bien enmarcada y lejos de la humedad directa.
No son reglas, sino sugerencias. La obra adecuada para tu ritual es la que te gusta ver en ese momento.
Lo pequeño, de cerca
Estos rincones tienen algo en común: se ven de cerca y durante poco tiempo, pero muchas veces. Por eso funcionan especialmente bien las obras pequeñas y medianas, colgadas a la altura de los ojos de quien está en ese lugar, sentado o de pie. Una lámina A4 junto a la mesa del desayuno, a la altura de los ojos de alguien sentado, tiene más presencia en ese momento que una gran obra al otro lado del salón. Lo desarrollamos en qué aporta una imagen pequeña a una habitación grande.
El ritual de mirar
Hay algo más. Cuando una obra acompaña un ritual diario, mirarla se convierte en parte del ritual. Ese segundo en que levantas la vista de la taza y ves la lámina, el momento antes de apagar la luz en que tus ojos se posan sobre ella. No es una contemplación larga, sino un gesto breve que se repite. Y con el tiempo, esa obra se carga de significado: se asocia a las mañanas, a la calma, a la vuelta a casa.
Es una manera muy íntima de vivir con el arte. No como algo que se admira en ocasiones especiales, sino como algo que acompaña la vida corriente.
Elegir un rincón
Si quieres probarlo, empieza por un solo ritual. Piensa en el momento del día que más disfrutas, o el que más te gustaría disfrutar, y mira qué ves desde allí. Si la respuesta es una pared vacía, o algo que no te dice nada, quizá ahí haya un lugar para una obra.
La belleza de lo cotidiano
Los grandes momentos se recuerdan solos. Los pequeños rituales, en cambio, forman la textura de la vida, y merecen también su belleza. Una lámina bien elegida en el rincón adecuado puede convertir un gesto cotidiano en un pequeño momento de placer, cada día.
En Bendíra nos gusta pensar que nuestras láminas viven ahí: no solo en el salón, sino en esos rincones donde empiezan y terminan los días.
Para seguir leyendo: Vivir con arte: pequeños detalles que importan, Cómo elegir arte para un cuarto de invitados y Menos cuadros, mejores decisiones: una propuesta editorial.