Todos tenemos colores que nos acompañan, aunque no siempre lo sepamos. Están en la ropa que más usamos, en los objetos que conservamos, en las fotos que hacemos sin pensar, en los lugares a los que volvemos. Si los reuniéramos todos sobre una mesa, probablemente descubriríamos una familia de colores que se repite, una paleta que es, de algún modo, nuestra. Descubrir esa paleta visual personal es útil para muchas cosas: para decorar, para vestir, para elegir regalos y, sobre todo, para elegir el arte con el que convivimos. No hace falta ser diseñador ni conocer teoría del color. Basta con un poco de atención y algunos ejercicios sencillos.
Por qué tener una paleta propia
Una paleta personal funciona como una brújula. Cuando sabes qué colores te hacen sentir en casa, elegir se vuelve más fácil: una lámina, un cojín, una pintura para la pared. No porque tengas que limitarte a esos colores, sino porque tienes un punto de partida. Y una casa construida a partir de una paleta propia suele sentirse coherente sin esfuerzo, porque todo lo que contiene ha pasado por la misma mirada.

Ejercicio uno: revisar tus fotografías
Abre la galería de fotos de tu teléfono y recorre las imágenes de los últimos meses, sobre todo las que no son de personas: paisajes, objetos, rincones, platos, calles. Fíjate en qué colores dominan. Muchas personas descubren que fotografían una y otra vez los mismos tonos: atardeceres cálidos, mares azules, verdes de jardín, paredes encaladas.
Si quieres hacerlo más visual, elige diez o quince fotografías que te gusten especialmente y obsérvalas juntas, en pequeño. Las grandes manchas de color hablarán por sí solas.
Ejercicio dos: reunir objetos
Recorre tu casa y reúne sobre una mesa entre diez y veinte objetos que te gusten de verdad: una taza, un libro, una piedra de la playa, una tela, una cerámica, una prenda. No pienses en su color al elegirlos; elige por cariño. Después, míralos juntos. ¿Qué colores se repiten? ¿Son cálidos o fríos? ¿Intensos o apagados? ¿Claros u oscuros?

Este ejercicio suele ser revelador, porque los objetos que elegimos por afecto dicen mucho de nuestra sensibilidad cromática.
Ejercicio tres: salir a mirar
Da un paseo, por el campo, por la playa, por un parque o por tu barrio, con una sola tarea: fijarte en los colores que te gustan. El ocre de una pared al sol, el verde gris de un olivo, el azul de una puerta, el rosa de una flor. Si puedes, haz fotos o recoge pequeñas muestras: una hoja, una piedra, una flor seca.

La naturaleza y la ciudad están llenas de combinaciones de colores que funcionan. Mirarlas con atención es una manera de entrenar el ojo.
Ejercicio cuatro: partir de una obra querida
Elige una obra de arte que te guste mucho, sea un cuadro de un museo, una ilustración o una fotografía, y fíjate en sus colores. Intenta identificar tres o cuatro tonos principales. Muchas veces, una obra que nos emociona lo hace en parte por su paleta, y esa paleta puede ser un punto de partida para la nuestra.
Ordenar la paleta
Con lo que hayas descubierto, intenta definir una paleta sencilla de cuatro o cinco colores. Una manera práctica de organizarla es pensar en tres tipos. Uno o dos colores de base, los más presentes, normalmente neutros o suaves, como un arena, un blanco roto o un gris piedra. Uno o dos colores secundarios, con más carácter, como un verde oliva, un azul niebla o un terracota. Y un color de acento, el más intenso, que aparece poco pero da vida, como un ocre vivo, un azul profundo o un rojo apagado.

Puedes reunir esa paleta en muestras de pintura, recortes de papel o pequeñas telas, y tenerla a mano.
Probarla con la luz de casa
Los colores cambian mucho con la luz. Antes de dar tu paleta por definitiva, mira las muestras en distintas habitaciones de tu casa y a distintas horas del día. Un color que te encanta al sol puede apagarse en una habitación orientada al norte. Esa prueba te ayudará a ajustar la paleta a tu espacio real. Hablamos de la luz en cómo elegir arte según la paleta de colores de tu casa.
Usar la paleta al elegir arte
Con tu paleta definida, elegir arte se vuelve más sencillo. Puedes buscar obras que recojan sus colores de base y secundarios para una armonía serena, o que introduzcan su color de acento para dar vida a una pared. Y no tienes por qué seguirla al pie de la letra: una paleta personal es una guía, no una norma. A veces, la obra que más te emociona estará fuera de ella, y eso también está bien.

Una paleta que cambia contigo
Tu paleta personal no es fija. Cambia con los años, con los lugares en los que vives, con lo que vas descubriendo. Revisarla de vez en cuando es una manera de conocerte mejor y de hacer que tu casa siga pareciéndose a ti.
Las colecciones de Bendíra están organizadas por paletas, como los tonos tierra de Luz del sur, los neutros con salvia de Formas serenas y los azules de Costa, por si te ayudan a reconocer la tuya.
Para seguir leyendo: Cómo empezar a descubrir tu propio gusto artístico, Psicología del color en el arte y los interiores y Crear espacios personales a través del arte.